Amor y Odio

Amor y Odio

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Homilía pronunciada por monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro el jueves 15 de diciembre 15 de 2016 en las exequias de Nilsa Cecilia Ramos Barreto y Otilia Cucuñame de Ramírez en Yumbo, Valle del Cauca.

Amor y odio, es el binomio que nos propone san Juan en el fragmento de su primera carta que hemos apenas escuchado. Amar es pasar de la muerte a la vida, mientras que odiar es adentrarse por senderos de muerte. Es el drama en el que se ha debatido y se sigue debatiendo la humanidad hasta nuestros días.

El mismo apóstol Juan nos dice que «Dios es amor» (IJn 4, 8). Si Él mismo es el amor pleno y perfecto, todo lo que viene de Él debe ser manifestación de este amor. Como seres humanos, los cristianos creemos que somos imagen y semejanza del Señor. Esto tiene implicaciones grandes para nosotros, pues nos compromete por ser transparencia del amor de Dios, que se hace concreto a través de buenos frutos. Del amor de Dios surgen la bondad, la belleza, la misericordia, la rectitud, la honestidad, el respeto, la sana convivencia, la armonía en medio de la diferencia. Estos son los valores de los hijos de Dios, aquello que estamos llamados a cultivar y vivir como fundamento de una sociedad como Dios la ha querido para nosotros. Cuando Dios encuentra espacio en los individuos y la sociedad, la fuerza de Su amor debe marcar un giro, una transformación que hecha fuera lo que destruye al ser humano.

Por otro lado, la muerte aparece como consecuencia de la ausencia de amor, como resultado de estar envenenados por el odio. «El que odia a su hermano es un asesino». La afirmación del apóstol es contundente. Quien no permite que su vida sea movida por el amor, terminará siendo conducido por el odio y con este, engendrando sólo frutos de muerte.

Hermanos y hermanas: cuando la violencia toca las puertas de nuestros círculos afectivos más íntimos y cercanos podemos sentir como los cimientos que sostienen toda nuestra existencia resultan fuertemente sacudidos. El dolor, la rabia, las preguntas que no logramos responder, el miedo, sentimientos naturales colman la memoria y los sentimientos. Si no hay una fuerte conexión con Dios, que es la fuerza del amor, podremos sucumbir por la confusión que nos produce este fruto del odio que es la muerte. Y corremos el riesgo de terminar también sumergidos en medio de su espiral destructora.

Esta querida comunidad yumbeña que desde la antigüedad ha venerado al Señor de la Buena Esperanza, al Señor del Buen Consuelo, hoy sufre las heridas que el odio ha ido sembrando en tantos que hoy siembran muerte. Hoy este, el más reciente y doloroso episodio que se ensañó contra Nilsa y Otilia, dos mujeres que con amor construyeron sus familias, que desde su fe en Dios compartieron alegría, buena vecindad y se ganaron el aprecio de la comunidad, no puede dejarnos indiferentes. Pero la respuesta que debemos dar no puede ser con las rudas vibraciones de almas que se dejan poseer por el odio sino que hemos de contemplar la máxima expresión el amor de Dios: Jesús.

Justamente el relato del Evangelio nos hace poner la mirada en aquel momento impresionante de la vida de Jesús: su muerte en la cruz. Allí se conjugaban la consumación de una misión que se inspiró siempre en el amor, en el perdón, en la recuperación de los que no contaban para los demás y por otro lado el rechazo y la persecución por quienes veían en un obrador del bien una amenaza. Jesús no permitió que el odio y su consecuencia, la muerte, terminaran por ganarle la partida. Lo que a los ojos parecía una dolorosa derrota, Jesús, con su entrega sin responder con violencia a sus verdugos, se convirtió en el brillo del amor que se consumó con su resurrección. Un brillo cuyo resplandor siga marcando a la humanidad de ayer y de hoy y lo seguirá haciendo siempre, en la mediad que no nos apartemos de sus caminos.

Ciertamente el dolor que produce la muerte violenta, siempre injusta, es una amenaza que parece querer perpetuar el odio. Pero en realidad no es con odio como vamos a parar estos actos de barbarie que todos los días nos golpean en la patria, y de los cuales Yumbo no es la excepción.

Cada uno debe hacer lo que le corresponde para romper con esta vorágine destructora fue el llamado que hizo monseñor Cárdenas Toro. Foto Wirley Cabrera para www.todosesupo.com
Cada uno debe hacer lo que le corresponde para romper con esta vorágine destructora fue el llamado que hizo monseñor Cárdenas Toro. Foto Wirley Cabrera para www.todosesupo.com
Cada uno debe hacer lo que le corresponde para romper con esta vorágine destructora. Por ello quiero en el nombre del Señor, que nos amó hasta el extremo, convocar a toda la comunidad.

A las autoridades: civiles, militares y de policía. Es necesario aunar esfuerzos y sumar voluntades para enfrentar las causas profundas que están sembrando tanto dolor en las familias yumbeñas. La historia será la jueza que dictará, con el paso del tiempo, su sentencia sobre si se ha estado a la altura de semejante reto. Como Estado que es, el Municipio ha de caracterizarse por la transparencia, el orden, el respeto a las fundamentales normas de convivencia, la eficiencia en hacer cumplir las leyes, la inclusión, la educación y el trabajo incansable por que haya oportunidades para todos.

A las comunidades parroquiales: sacerdotes y laicos comprometidos, a trabajar todos los días en procesos evangelizadores serios para que la fuerza del amor de Dios llegue a todos. Una Iglesia en salida que anuncia, celebra y sirve en la construcción de una auténtica civilización del amor.

A la comunidad: a salir del miedo y la indiferencia, a responder a las acciones de odio y muerte con acciones de amor, siendo ciudadanos responsables, vecinos solidarios y construyendo familias que dan prioridad a los principios y valores que cultivan nuevas generaciones siempre más humanas y abiertas a Dios.

A los actores violentos y quienes tal vez sin darse cuenta, han permitido que el odio y su fruto la muerte sean lo que determine la manera de actuar. Odiar y matar no sólo destruye a los demás, también los destruye a ustedes. En el nombre del Señor les digo: déjense mirar por Dios que es amor, descubran la alegría que hay en el corazón de aquellos que se comprometen por un mundo mejor. Hay otra alternativa, hay otra salida. Sean capaces de romper el círculo. En el fondo de cada persona siempre hay una chispa del amor de Dios que permanece: búsquenla, aliméntenla y dejen que ella los desarme en el alma para que puedan dar el paso a una nueva vida. Crean que es posible una vida diferente y mejor.

A los familiares de doña Nilsa y doña Otilia, que hoy lloran esta inesperada partida, y a todos los que tiene su corazón herido por la pérdida violenta de sus seres queridos, quisiera terminar con el fragmento de la carta que Antoine Leiris, joven francés, dirigiera a los terroristas que hace ya un tiempo en París acabaran con la vida de su esposa en uno de aquellos atentados que conmovieron al mundo. Creo que sus palabras nos pueden iluminar y fortalecer para ir en la dirección correcta:

«No les voy a hacer el regalo de odiarlos. Lo tienen merecido pero responder al odio por la ira sería ceder a la misma ignorancia que los ha convertido en lo que son. Quieren que tenga miedo, que mire a mis conciudadanos con sospecha, que sacrifique mi libertad por la seguridad Y no, no lo conseguirán.

La he visto esta mañana después de días y noches de espera. Estaba tan guapa, tan hermosa, como cuando me enamoré de ella hace 12 años. Por supuesto, estoy devastado por el dolor, les concedo esta pequeña victoria, pero será de corta duración. Sé que ella nos acompañará cada día y que nos encontraremos en este paraíso de las almas libres al que ustedes nunca tendrán acceso.
Somos dos, mi hijo y yo, pero somos más fuertes que todos los ejércitos del mundo. Tiene sólo 17 meses y como cada día comerá su merienda y después iremos a jugar como siempre. Toda su vida este niño les hará la afrenta de ser feliz y libre, porque no, no tendrán tampoco su odio».

Oh María, sin pecado concebida.