Como cuando te quitan la escalera y quedas colgado de la brocha…

Como cuando te quitan la escalera y quedas colgado de la brocha…

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Para algo sirvió la madrugada... Fotomontaje www.todosesupo.com

Por Juan de Dios Vivas-Satizábal para www.todosesupo.com.
La noche del domingo 5 de marzo la terminé dejando lista la orden médica y demás documentos para levantarme temprano y cumplir con la cita preanestésica en una clínica suficientemente conocida de Cali. Con juicio programé la alarma de mi celular que debía sonar a las cuatro de la mañana; dos horas son suficientes para llegar a la cita programada para las seis.

Descuidos, pequeños descuidos, hizo que la alarma no sonara. Bueno, va a sonar a las cuatro de la mañana pero del próximo viernes. Con fortuna, a mi esposa Alba Jenny su reloj biológico la hizo despertar a las cuatro y media.

Mientras Alba preparaba el desayuno, yo me alistaba, cosa que a las cinco y tres minutos de la mañana abordé la ruta 3 de Trans Yumbo, con el tiempo medido para transcurridos 25 minutos estar tomando la ruta E21 del Mío en la estación de la avenida 3ª. norte con calle 38, barrio Prados del Norte de Cali.

Avanzar las dos cuadras desde la carrera 36, estación Estadio, por la calle quinta y luego la larguísima cuadra de la carrera 37 hasta la calle 5B 2, es decir hasta la clínica, que para efecto de lo que narro poco importa su nombre, no debería demandarme más de siete minutos. Todo ello ocurrió sin ningún problema, apurando el paso junto a personas que a esa hora se desplazan a su trabajo, con cuidado de no tropezar con algún habitante en situación de calle que a esa hora aún duermen en los andenes y bajo los pocos aleros que hay frente al Hospital Departamental.

Al avanzar por la carrera 37, costado sur del antiguo Club San Fernando, la oscuridad y soledad reinante, ameritó que mientras mis labios musitaban las avemarías del segundo misterio gozoso, como corresponden a todos los lunes y sábados, llevara mi mano derecha dentro de mi morral, por si acaso la oscuridad te brinda sorpresas. Ni modo de decir que empuñando la patecabra dentro del bolsillo del gabán: el clima de Cali no da para ello, ni alma de Pedro Navaja tengo yo para andar armado. En mi juventud escasamente llegué a tener leves atisbos de Juanito Alimaña…, los que, gracias a Dios, tempranamente desaparecieron.

A estas alturas de la historia, y si usted querido lector no se ha dormido y aun me sigue, las puertas del centro quirúrgico estaban cerradas. Afuera la Gata, novia del Gato de Tejada que está en el barrio Normandía, sólo era acompañada por dos madres de familia con sendos hijos a la espera de que abrieran, pero el asunto es que el anuncio en la entrada dice que la atención es después de las seis y cuarenta y cinco.

La pregunta que nadie me contestaría era: ¿Entonces, por qué me citaron a las seis de la mañana del día lunes 6 de marzo en el tercer piso en Preanestesia? Nadie contestó; hubiera enloquecido de haberlo hecho las acacias, los tulipanes y las cadmias sembradas en el sector.

A las seis y treinta de la mañana un guarda, que se demoró lo suficiente para recibir su puesto de trabajo con gran esmero, me hizo seguir. Llegué hasta el tercer piso donde reinaba un silencio sepulcral. A lo lejos, una mujer que aseaba los pisos me dijo que debía esperar en la sala hasta que llegara el personal.

Por fin, a las siete de la mañana, una funcionaria de la sección de citas (no para donde yo iba) me atendió y luego de consultar en la pantalla de su computador, me dijo que según el reporte que leía, el 19 de enero a mí se me había informado  que la cita de preanestesia a la que yo había madrugado tanto fue reprogramada para las tres y treinta de la tarde del mismo lunes 6 de marzo.

No sobra decir que en ningún momento recibí la tal llamada con la cual se notificaba la reprogramación de la cita. Ante esto solo me quedó decir: ¿Además de respirar profundo ante una situación de estas, qué debo hacer, señorita? La gentil funcionaria solo aventuró un leve asomo de mueca en sus labios y un levantar de hombros, gesto nada ofensivo, a la vez que me dijo:
Usted es el único paciente que llega de los 23 que están programados para hoy. Mire a ver si en la tarde puede llegar más temprano para que le expliquen qué ocurrió… El que sigue… Y siguió atendiendo como si nada.

Frente a una situación como esa, sabiendo de las horas de sueño que no dormí, el pensar que corrí el riesgo de llegar tarde a la cita y perderla y encontrar esta realidad, tuve la sensación de que me habían quitado la escalera y había quedado colgado de la brocha.

A veces la vida nos pone situaciones en que perder es ganar. De no haber gastado más de dos horas de transporte yendo a Cali y regresando, no tuviera la oportunidad de escribir lo que ahora escribo… Algo es algo, diría el conformista.

Pero con gusto recibiría la ñapa de que esta experiencia sirva para que cuando un funcionario deba notificar algún cambio de programación lo haga de manera tal que la persona indicada quede bien informada, pues casos se han visto en que se han dejado recados en personas equivocadas y los verdaderamente interesados nunca se enteraron.

Esta situación de personas que reciben llamadas equivocadas y las asumen como si ellos fueran los destinatarios reales sin saber de las consecuencias que tal comportamiento puede acarrear me hace recordar una experiencia de hacer varios años, cuando mis dos hijas mayores salieron de excursión con un grupo de hijos e hijas de trabajadores de Emcali. El día de su regreso debíamos comunicarnos con los responsables para coordinar la llegada de los paseantes.

Aquel día, promediando la mañana, empecé a llamar al número de celular de unos de los líderes del grupo, pero a pesar de entrar las llamadas no contestaban. Hasta que finalmente, luego de muchos intentos alguien nos contestó, y al preguntarle por la persona responsable de la excursión nos dijo que sí, que ese era su celular pero que a él lo habían asesinado… y colgó.

Con esta información algunos padres de familia entramos en estado de angustia sin saber qué había ocurrido y cómo se encontraban nuestros hijos. Finalmente las personas encargadas de la excursión en Cali, y luego de hacer los contactos correspondientes, nos dijeron que todo estaba bien. Todo fue fruto de una broma de mal gusto de alguien que suplantó al responsable del paseo al responder la llamada.

Hoy con mi intento fallido de que me atendieran a las seis de la mañana no perdí nada, ni siquiera los $ 8.800,oo de los pasajes de ida a Cali y el regreso. Pero ojalá lo que viví no lo sufra tanta gente que llegan desde lugares lejanos de nuestra geografía nacional hasta ese centro de salud de Cali, famoso por los excelentes servicios profesionales que brinda, y que los funcionarios encargados de confirmar las citas o anunciar los cambios utilicen los protocolos para cerciorarse de que la información llegue a las personas indicadas, y en esos usuarios llegados de remotas tierras el gasto y la pérdida no vaya a ser mayor.

Colofón: En las horas de la tarde regresé a la clínica. Fui atendido por el anestesiólogo quien confirmó que el próximo viernes me iré de quirófano. Dios mediante, todo saldrá bien, porque Él no deja a nadie colgado de la brocha…