Añoranzas musicales y sorpresas que da la vida

Añoranzas musicales y sorpresas que da la vida

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Con mi hija Ana Sofía, en Santa Inés, Yumbo, compartiendo nuestro gusto por The Beatles. Foto archivo personal.

Por Juan de Dios Vivas-Satizábal, director www.todosesupo.com

Mi gusto en forma por la música del grupo inglés The Beatles empezó cuando yo andaba en mi primera juventud, a los 21 años de edad, y con Gustavo Lenis Bejarano nos deleitábamos escuchando los discos de su fabulosa colección. Deleite que luego completábamos en Los Cristales, en la carrera cuarta entre calles cuarta y quinta, donde Henry Soto y Pablo “Chuspas” Gómez nos repetían cuantas veces quisiéramos Girl, para escuchar la fuerte aspiración de John Lennon en su canto.

Sin embargo, a mis 13 años de edad ya el bicho del rock me había picado luego de ver la película Woodstock, presentada en el Teatro Calima de Cali, en lo que fue la clausura de la Primera Muestra Cultural del Liceo Comercial, organizada por un grupo de estudiantes, con el liderazgo del entonces joven Fernando Gamba López. Eso fue en el mediodía del sábado 24 de abril de 1971, tras la conferencia de cine que nos dio Carlos Mayolo y Andrés Caicedo, del Cine Club de Cali.

En la pantalla grande del teatro Calima logré ver tocar (y destruir) la guitarra, entre otros, a Jimi Hendrix, Joe Cocker y Carlos Santana, en una sala donde la luz del proyector luchaba por atravesar la espesa nube azul de los efluvios del cannabis sativa. Después conocería la música de Led Zeppelin, Aretha Franklyn, Black Sabbath, The Rolling Stones y Pink Floid.

Meses después, gracias a un regalo de mi hermano Camilo, tuve mi primer L.P. de un grupo rockero (y único larga duración por muchos años, dada la escasez de dinero propia de un adolescente). El disco que él me trajo desde Bogotá fue el álbum Willy and the poor boys, del grupo californiano Creedence Clearwater Revival. De inglés en aquellas calendas poco sabía, pero gracias a mi profesor de inglés, “Mesié” Parra, supe que la canción que tanto me gustaba, al igual que a mi vecino Alberto “Chiqui” Romero, era Willy y los chicos pobres. Tal era el gusto por esta melodía que aprendimos en una vieja guitarra a rasgar la entrada de esa canción.

Jimi Hendrix, Joe Cocker, Carlos Santana, Led Zeppelin, Aretha Franklyn, Black Sabbath, The Rolling Stones, Pink Floid, Creedence Clearwater Revival y los que escuché en Radio Musical o vi en el programa de rock que “El Chupo” Armando Plata Camacho daba en el único canal de televisión que había, todos ellos fueron pasando, algunos quedaron, pero ninguno como el cuarteto de Liverpool, cuya música aún disfruto.

Sorpresas satisfactorias depara la vida, como la que viví en la mañana del domingo 15 de febrero de 2015, en Santa Inés, cuando mi hija menor, Ana Sofía, me sorprendió con su manifestación de gusto por la música de The Beatles cuando en el viejo tocadiscos yo había puesto a rodar un long play de ellos. Y se me aguaron los ojos cuando ella cantó Let it be, algo que yo nunca pude hacer.

Cosas de la vida, cosas de la postmodernidad. La vaina es que mi hija me ganó: en aquella mañana del 2015 ella apenas contaba diez años de edad…

Gracias a la magia del internet pude volver a ver la portada del long play del grupo Creedence Clearwater Revival, que tanto me gustó en mi adolescencia. Imagen tomada de internet.