Historias yumbeñas: ¿Quién fue fray Alfonso de la Concepción Peña?

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Por Juan de Dios Vivas-Satizábal para www.todosesupo.com.
El jueves 4 de diciembre de 1952, a la edad de 70 años, en la Clínica Garcés de la ciudad de Cali falleció fray Alfonso de la Concepción Peña Lucio, el hombre que animó a los yumbeños a imprimirle al pueblo de San Sebastián de Yumbo el mayor desarrollo de su historia. Una de las razones por la que escribo esta crónica es el evitar que su memoria quede en el olvido, y que él sea el referente de lo que debe ser una vida entregada al servicio de los demás, ejemplo de hombre con ideas de progreso.

Alfonso de la Concepción Peña nació en Cartago (Valle) el 21 de mayo de 1882, siendo sus progenitores Manuel Peña y María Jesús Lucio. A la edad de 19 años ingresó a la Orden Franciscana en el Convento de San Joaquín de Cali, consagrándose para siempre a Dios como hijo de San Francisco de Asís el 8 de septiembre de 1906; se ordenó de sacerdote en Cali el 29 de octubre de 1910 en el templo de San Francisco de Cali en ceremonia presidida por el Excelentísimo Señor obispo Manuel Antonio Arboleda.

Cuenta doña Ana Lucía Lenis Díaz, una de las matronas yumbeñas depositaria de la tradición, que la primera vez que fray Alfonso de la Concepción Peña visitó a Yumbo fue en las fiestas patronales en honor al Señor del Buen Consuelo en el año 1933. Vino acompañando a la comitiva franciscana compuesta por los padres Posada, Bonilla y Saavedra.

Desde el atrio de esta pequeña capilla fray Peña conoció a Yumbo; años después sería su párroco. Foto archivo www.todosesupo.com

Según la tradición, en esa fiesta patronal fray Peña predicó desde el atrio de la pequeña capilla que por entonces había en Yumbo. Dicen que ese día se enamoró del Señor del Buen Consuelo y desde el fondo de su corazón le imploró a Dios que algún día pudiera pastorear a los yumbeños. Dos años después de esa fiesta patronal, en 1935, fray Alfonso de la Concepción fue nombrado párroco de Yumbo, y este pueblo empezó a despertar con su mano milagrosa y se iniciaron las obras en beneficio de la comunidad. Fue un cura que se preocupó no solo por lo espiritual sino también por el bienestar material.

En su primera fiesta patronal como párroco, y mientras se celebraba la Misa campal, sobre los feligreses y peregrinos cayó un torrencial aguacero. Entre los asistentes se encontraba el general Alfredo Vásquez Cobo, amigo de fray Peña y cercano a Yumbo desde la época de la construcción del ferrocarril del Pacífico, quien le dijo al padre Peña que Yumbo necesitaba un templo a la altura de sus gentes…

Los yumbeños motivados por el espíritu progresista de fray Peña conformaron una junta pro templo, entre quienes se encontraban Santiago Espinosa, Bernarda Rosero, Ricardo Ferrerosa, Manuel González, Salomón Puente, y reiniciaron la construcción del templo. Esta obra la había iniciado el padre José Saulo Torres, en 1928, con planos levantados por el ingeniero español José Sacassas, suspendida por la pobreza de la parroquia.

Entre 1935 y 1939 los yumbeños construyeron el templo del Señor del Buen Consuelo. Foto archivo www.todosesupo.com

“Los yumbeños en cuatro años levantaron su templo parroquial del Señor del Buen Consuelo. Todos colaboraban: el uno donaba un ternero; el otro, un cerdo, una vaca, que se rifaba en presencia de los concurrentes a los festivales que se hacían en la placita suelta donde hoy día está el parque Belalcázar…” El templo parroquial en honor al Señor del Buen Consuelo fue construido en el lapso de cuatro años.

El jueves 21 de septiembre de 1939 templo y altar fueron consagrados por monseñor Luis Adriano Díaz, segundo obispo en la historia de la Diócesis de Cali, creada en 1910. Al templo parroquial, fray Peña lo dotó de campanas fundidas dentro de los cánones de la armonía y la resonancia, altar de mármol, órgano que debió comprar en Bogotá ya que el que importó desde Alemania no llegó por el hundimiento del barco que lo transportaba: eran los tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

El 21 de septiembre de 1939 fue consagrado el templo y altar en honor al Señor del Buen Consuelo de Yumbo. Foto www.todosesupo.com

Con fray Peña no sólo fueron obras parroquiales…
Pero él no se quedó solo en las obras parroquiales, sino que también se preocupó por el bienestar de todos los yumbeños, a partir de obras de infraestructura para humanizar a sus conciudadanos y crear en ellos un fuerte espíritu cívico.

En tal sentido, organizó el parque principal sembrándolo de cadmias que perfumaron el ambiente y puso en el centro una pequeña fuente que le regalaron en la Clínica Garcés, según contaba Alfredo Satizábal Prado. La plaza del frente del templo y del Palacio Municipal lo dividió en ocho triángulos designándoles como padrinos las familias del marco de la plaza.

Parque de Yumbo, otra de las ejecutorias de fray Peña. Foto Ernesto Lenis Díaz para www.todosesupo.com

El rudimentario acueducto local inaugurado en 1930, el que fray Alfonso de la Concepción Peña encontró a su llegada a Yumbo, lo sustituyó por uno nuevo y de mayor capacidad para abastecer al poblado: era la época en que los yumbeños tomaban el agua en las acequias que surcaban los solares de las casas y en el río… Pero no solo fue el acueducto, porque la llegada del fluido eléctrico a su plaza, calles y hogares lo celebraron los yumbeños el 31 de diciembre de 1936. Y eso también fue realización de fray Peña quien entusiasmó a la gente para conseguir la rueda Pelton para la planta hidroeléctrica montada en la represa del río en el camino a Yumbillo.

Los yumbeños gracias a fray Peña también tuvieron su teatro parroquial en el marco de la plaza principal, “el único centro cultural que por muchos años contó Yumbo y cuyas puertas siempre estuvieron abiertas a cuanto, de noble, educativo, culturizable y enaltecedor para el espíritu se quisiera ofrecer a las gentes y que constituyó un aglutinante social sin discriminaciones de color, raza o religión…”

Teatro, casa cural y Templo parroquial en el marco del parque Belalcázar. Obras de fray Peña en Yumbo. Foto Lázaro Sepúlveda para www.todosesupo.com

A fray Peña se le debe la carretera que unió a Yumbo con La Cumbre, trabajo en el que involucró a todos los yumbeños. Fueron famosas las mingas de manera especial las de los lunes, día en que nadie trabajaba en las parcelas, los niños no iban a la escuela y las amas de casa cocinaban en las ollas comunitarias para alimentar a sus esposos e hijos mayores que se desplazaban hasta el corte para continuar con la construcción de la carretera.

Cortar la roca azul de la cordillera occidental fue un arduo reto que fray Peña superó poniendo a trabajar a los reclusos de la colonia penitenciaria que por entonces funcionaba en las afueras de Yumbo. Los cinceles con que se perforó la montaña eran afilados cada tarde en la herrería de Aureliano Valencia, en la carrera cuarta con calle novena.

Fray Peña pidió que los obreros de Cementos del Valle fueran yumbeños. Foto archivo www.todosesupo.com

Empleo y salud paras los yumbeños…
Fray Peña, preocupado con el desempleo de los jóvenes yumbeños, intercedió para que la planta de Cementos del Valle fuera establecida en territorio yumbeño. Según contaban los mayores con profunda gratitud, él impuso la condición de que los primeros operarios de esa empresa fuera gente de Yumbo.

Inquieto por las precarias condiciones de salubridad de los yumbeños, fray Peña quiso que la gente tuviera a mano las necesarias atenciones en salud. En tal sentido contrató médico (famoso, según la relación oral) de apellido Kember, que los miércoles y sábados atendía gratuitamente en un consultorio improvisado por fray Peña en la casa cural. La población yumbeña aumentaba por la llegada de migrantes atraídos por la industrialización de Yumbo y el consultorio de la casa cural quedaba insuficiente, razón por la cual fray Peña se propuso crear un hospital.

Fray Alfonso de la Concepción Peña “le echó el ojo” a la vieja casona de la Carrera sexta con Calle 10, deshabitada por muchos años luego del crimen de Modesto Ajo y su sirviente en 1914, y que Irene Satizábal Prado no quiso recibir como regalo de matrimonio con Camilo Vivas, sobrino del dueño de la casona, por temor a los cuentos de fantasmas y espantos que rondaban el inmenso caserón. El 12 de junio de 1942, mediante Escritura Pública N° 32, la parroquia recibía el cuarto de manzana con la gran casa, donación de José Carminio Hurtado López, sobrino del asesinado Modesto Ajo…, y en ella fray Peña creó el Hospital San Diego.

El hospital San Diego, génesis del actual Hospital de La Buena Esperanza, fue inaugurado en noviembre de 1952. Fray Peña no pudo asistir por los quebrantos de salud que le llevarían a la muerte un mes después.

El moderno Hospital San Diego fue inaugurado en noviembre de 1952, un mes antes de la muerte de fray Peña. Primer director el médico Jorge Hincapié Bosch y las enfermeras, Hercilia Escobar y Luz Gil. Foto archivo www.todosesupo.com

Bandera para los yumbeños, estatua para fray Peña…
Con el ánimo de crear el sentido de pertenencia, darle a los yumbeños sus símbolos de patria chica, fray Peña ideó la bandera en 1944 con los colores verde, símbolo de la fertilidad y belleza del Valle del Cauca; blanco, significando la pureza y honestidad de sus gentes; un sol naciente por la pureza y laboriosidad de la comarca; y la franja blanca con el lema de Paz y Trabajo porque siempre quiso que este pueblo tuviera lo uno y lo otro. En los días aciagos de la violencia partidista, exhortó a los yumbeños para que no entraran en la espiral violenta.

Las obras emprendidas por fray Peña, no solo en Yumbo sino también en otras regiones de Colombia, fueron motivos más que suficientes para que el gobierno Nacional en la persona del ministro Fernando Londoño y Londoño, el 31 de mayo de 1946, le confiriera la Cruz de Boyacá, máxima distinción que entrega la República de Colombia.

Aquel día de la condecoración los yumbeños se sintieron orgullosos de haber tenido como su pastor a fray Alfonso de la Concepción Peña entre los años 1935 y 1946, y luego desde 1950 hasta mediados de 1951. La gente de Yumbo recién llegado él como párroco también le habían manifestado testimonio de gratitud sumándose al grandioso homenaje que, en el Teatro Municipal de Cali, con motivo de sus Bodas de Plata Sacerdotales, le rindieron el 23 de octubre de 1935 las fuerzas vivas del Departamento del Valle.

El jueves 4 de diciembre de 1952 los yumbeños lloraron su muerte cuando se enteraron de su deceso en la Clínica Garcés de Cali. Aquel luctuoso día Damián Quintero, como nunca antes lo había hecho, dobló en memoria de su maestro: las campanas del templo lloraron su muerte y luego fueron silenciadas en señal de duelo. Cuentan los mayores que al día siguiente Yumbo quedó desierto, pues la mayoría de sus habitantes viajaron a Cali a las honras fúnebres oficiadas en el templo de San Francisco. Los yumbeños llevaron a hombros el féretro hasta el Cementerio Central…

El sentido de gratitud de los yumbeños hacia fray Peña les animó a trabajar para rendirle un póstumo homenaje en la estatua que engalana el parque Belalcázar de Yumbo. Con el concurso de toda la ciudadanía se recogieron los fondos necesarios para hacer fundir la estatua del padre Peña en los Talleres de Constantino Carvajal en Medellín, siendo colocada sobre su pedestal el cuatro de diciembre de 1953 al cumplirse el año del fallecimiento, y dos días después, el domingo 6 de diciembre, fue su inauguración.

Gratitud eterna…
Muchos años después, los yumbeños siguen recordando a fray Alfonso de la Concepción Peña. Porque Yumbo le debe al padre Peña el mayor progreso de toda su historia, conocer lo que fue su vida debe servir a las generaciones actuales y futuras, a los líderes y dirigentes cívicos y espirituales de ejemplo de lo que es una vida entregada al servicio de los demás, un hombre de Dios que activó los resortes del progreso en Yumbo…

La gratitud de los yumbeños se manifestó en la estatua inaugurada el domingo 6 de diciembre de 1952. Foto archivo www.todosesupo.com

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