Cada día, toneladas de comida terminan mezcladas con los residuos que llegan a los rellenos sanitarios. En Colombia en 2024 se dispusieron 12,1 millones de toneladas de residuos sólidos y 11,7 millones terminaron en rellenos sanitarios, según el informe más reciente de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cerca de un tercio o hasta el 40 % de todos los alimentos producidos en el mundo se pierden o se tiran cada año.
En Bogotá, más de la mitad de los residuos que llegan al Parque de Innovación Doña Juana son orgánicos. Con una disposición cercana a las 5.600 toneladas diarias. El problema, sin embargo, empieza incluso antes de separar los residuos. Colombia pierde y desperdicia alrededor de 9,76 millones de toneladas de alimentos al año, equivalentes al 34 % de la oferta disponible para consumo humano. Por eso, la primera pregunta no debería ser qué hacer con los residuos, sino cómo evitar que una parte de los alimentos termine desperdiciada.
“La sostenibilidad no comienza cuando sacamos los residuos de la casa. Comienza cuando decidimos qué compramos, cuánto necesitamos y qué podemos aprovechar antes de desecharlo”, explica Mónica Torres Lozano, subdirectora Nacional Ambiental y Sostenibilidad de la Fundación Universitaria del Área Andina.
Una vez generado el residuo orgánico, existen alternativas para devolverle valor. El compostaje permite convertirlo en abono para recuperar nutrientes y mejorar los suelos, mientras que procesos como la digestión anaerobia pueden aprovechar esta materia para producir biogás y generar energía.
Para que estas opciones funcionen, la separación en la fuente es fundamental. En las cocinas, los residuos orgánicos crudos, como frutas, verduras, cáscaras y restos vegetales, deben mantenerse separados de los materiales aprovechables y de los residuos no aprovechables. Después, deben conservar esa separación durante el almacenamiento y la recolección y llegar a gestores autorizados que puedan darles un tratamiento adecuado.
Dejar de pensar en “usar y botar”
La economía circular propone ir más allá del reciclaje y preguntarse, antes de comprar o desechar, si un producto realmente se necesita, si puede reutilizarse, repararse o mantenerse en uso durante más tiempo.
Esta lógica está recogida en las llamadas 9R, promovidas en Colombia dentro de la Estrategia Nacional de Economía Circular, y son ellas: rechazar, repensar, reducir, reutilizar, reparar, restaurar/renovar, remanufacturar, reproponer/redefinir y reciclar. Algunas de estas acciones buscan prevenir el consumo innecesario y reducir el ingreso de nuevos materiales al sistema; otras apuntan a reparar, reutilizar, restaurar o readaptar aquello que ya existe.
Para Torres, este cambio también tiene una dimensión educativa. “No se trata solamente de enseñar a separar residuos. Se trata de formar profesionales que aprendan a prevenir los problemas ambientales y a diseñar soluciones desde el comienzo”.
En ese sentido, las universidades pueden convertirse en espacios donde las soluciones ambientales se prueben en condiciones reales. En la Fundación Universitaria del Área Andina, por ejemplo, la Subdirección Nacional Ambiental y Sostenibilidad implementó un Sistema de Gestión Basura Cero que involucró a estudiantes, docentes y administrativos. El proceso contribuyó a obtener la certificación Basura Cero en categoría Oro y permitió entregar los residuos orgánicos separados a un gestor autorizado para transformarlos en abono orgánico.
La experiencia muestra que la sostenibilidad puede pasar del discurso a procesos concretos: medir lo que se genera, separar correctamente, encontrar un destino para cada material y evitar que los residuos aprovechables terminen enterrados.
El cambio también puede empezar en casa. Comprar solo lo necesario, reducir el desperdicio de alimentos, aprovechar lo que todavía sirve, reutilizar productos y separar correctamente los residuos son decisiones pequeñas, pero millones de veces repetidas pueden modificar la cantidad de desechos que producen las ciudades. La economía circular empieza en las decisiones que determinan qué compramos, cuánto usamos y qué hacemos con aquello que ya no necesitamos.
Relación con medios: Pilar Cáceres Aponte / El Conserje Marketing de Opinión / Cel. 3112384806 / pcaceres@grupoelconserje.com
