La idea de que ser yumbeño más que un gentilicio es una profesión de alto riesgo, -o en el mejor de los casos, un deporte extremo-, se ve fortalecida con una breve mirada a las noticias que nos brinda la temporada electoral o con una revisión más detenida de los conflictos que se padecen en algunas zonas de nuestro municipio sin que tengan un ápice de espacio alguno en los medios que -salvo contadas excepciones- parecen estar más interesados en el proselitismo de los candidatos que en los problemas de electores. Las elecciones en Yumbo son una aleación de metales: plata y plomo.

Basta un raudo vistazo al tarjetón y a los intachables candidatos que encontraremos en unos días para recordar la frase que dejó salir Vargas Llosa previas la elecciones presidenciales del Perú: la sociedad va a tener que elegir entre el sida y el cáncer. Con el perdón de ambas condiciones, la frase resulta perfectamente extrapolable al caso de nuestro municipio si tenemos en cuenta las poco conocidas revelaciones que hizo la Revista Semana sobre el caso Yumbo en su especial sobre los 25 municipios críticos del país.

Todo nos da para pensar que el doctor Juan Carlos Martínez no aprovechó sus horas de libertad precisamente para disfrutar del aire de Dapa o para rezar el rosario con su vecina senadora.

Por: Marlium Jamir Pérez /Estudiante de sociología y de estudios políticos y resolución de conflictos; miembro de la Asamblea Departamental de Juventudes Liberales, del colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz, del Parlamento Nacional de Juventudes Liberales y del Instituto del Pensamiento Liberal ‘Alfonso López Michelsen’.

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