Calabazas, murciélagos, gatos, arañas y telas de araña son algunos de los ingredientes que aporta la naturaleza a las decoraciones del Hallowen en la modernidad y a los ritos celtas otrora. Aquellos rindiendo culto al fuego, estos al comercio. En suma, se trata en ambos casos de sacrificios.

Pero no voy a referirme en esta ocasión ni a ritos, ni a sacrificios, ni a cultos, ni a comercio sino todo lo contrario, a la mezcolanza de todas: en suma a la democracia.

 

Al principio pensé que se trataba del atávico olor de la Capital Industrial, luego me percaté de no haber olvidado apagar la estufa, más tarde me aseguré de que no se tratara de algún corto circuito y finalmente me olí la ropa pensando que el último cigarrillo había dejado evidencia. Pero nada de eso, era el olor a quemado.

 

Y no hablo de quemas de aceites, incienso o hierbas; sino de sacrificios de carne y seso (más carne y grasa que seso). De sacrificios tan reales como el que implica leer esto y haber llegado hasta aquí.

 

         Se trata de un hecho histórico el sacrificio de casi la mitad de la conformación del concejo, pero ¿realmente se ha renovado el concejo o se trata de una simple lubricación de maquinarias?

 

         Por un lado hay que reconocer que a veces el misterio de la cifra repartidora suele parecer injusto por decir lo menos. ¿Cómo es posible que un candidato como Gabriel Karduss con 547 votos sea elegido frente a las quemaduras de un peso pesado de 1.233 votos como lo es Jaime Rodallega? La respuesta la da la críptica cifra repartidora. Pero lo que más arde de esa quemadura en particular, probablemente sean los 1.008 votantes a quienes Armando Alirio Polanco debe su nueva curul.

 

         En cualquier caso, a mi juicio, hay más veracidad en la historia del ratón Pérez, que en la teoría según la cual la renovación del concejo es una muestra de relevo generacional. Basta una breve mirada a los nuevos nombres para saber de quiénes se trata y qué tantas expectativas se pueden formar con sensatez. Pero por ahora la impresión que queda es que se trata de las mismas maquinarias con nuevo aceite.

 

Por: Marlium Jamir Pérez /Estudiante de sociología y de estudios políticos y resolución de conflictos; miembro de la Asamblea Departamental de Juventudes Liberales, del colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz, del Parlamento Nacional de Juventudes Liberales y del Instituto del Pensamiento Liberal ‘Alfonso López Michelsen’.

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