Ha sido el repudio el único ganador de las elecciones. Y no de estas, de todas. Ha sido él quien ha condicionado y quizás hasta determinado el voto de los yumbeños y de las yumbeñas en general. No se vota ‘por’, se vota ‘contra’.

Y no es que haya sido una técnica con los mejores resultados, de hecho votar contra Taborda nos llevó a Pabón, votar contra Germán Jaramillo nos llevó a “La patona”, votar contra Rafael Uribe nos llevó a “Pucho”, votar contra Fernández nos llevó a Lenis, votar contra Deisy nos llevó primero a Ferney y luego a ya sabemos quién, votar contra Moisés nos llevó a Murgueitio…

Al tomar tomar partido se dice quijotescamente: “pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas”.

Ante la derrota se decide primero lo burocrático y luego lo programático, primero qué me va a tocar y luego si vamos a joder o no. En ese último caso no se descansa hasta extraer las tripas del otro, o bien, hasta que me toque algo. Finalmente se emperifolla el discurso y ya está. Se defiende empedernidamente, o bien se ataca visceralmente.

Esto no pretende ser una apología de los vencidos, pero es innegable que, si bien nuestro alcalde actual parece desenvolverse mejor como representante de Dios en la tierra que como representante de los yumbeños y las yumbeñas; aún así sus artífices son los mismos y las mismas que han ungido al nuevo salvador de turno: aquel que hace apenas dos años era el mismísimo demonio encarnado. Se cambian las entrañas del lapidado de antaño y se hace de él el héroe de hoy. Se acude al remordimiento para condenar cual verdugo al héroe de ayer. Hoy ya no lo necesitamos… tenemos un nuevo ídolo.

Y la historia se repite atávicamente… luego viene el arrepentimiento, pero no hay de qué preocuparse, con él vendrá un nuevo salvador.

 Por: Marlium Jamir Pérez /Estudiante de sociología y de estudios políticos y resolución de conflictos; miembro de la Asamblea Departamental de Juventudes Liberales, del colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz, del Parlamento Nacional de Juventudes Liberales y del Instituto del Pensamiento Liberal ‘Alfonso López Michelsen’.

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