Escribo esta pregunta con temor, porque amo a Yumbo. En realidad es una cuestión que me preocupa desde que llegué aquí, y es una cuestión grave. ¿No les parece?

El planteamiento podríamos hacerlo desde dos perspectivas: una exclusivamente egoísta, no nos interesan aquí las lacras de Cali; otra mucho más positiva, en la desintegración socio-cultural que sufre hoy nuestro mundo, es necesario conservar núcleos humanos con personalidad y vida propia, donde el hombre pueda luchar por huir de la masificación, la gran amenaza de nuestro siglo.

Pero antes de intentar cualquiera de estos dos planteamientos, vamos a analizar por encima cual es el contenido de nuestra pregunta.

Si Yumbo no conserva su autonomía, su entidad propia, vendrá ser englutido por Cali, a convertirse en un suburbio primero y después en un vertedero de sus inmundicias. Porque toda ciudad las tiene y si es grande, las tiene mayores: prostitución, pereza, paro crónico, vagancia, incultura, hampa.

¿Qué sería conservar su autonomía? Mantener su unidad y centralismo propio en su estructura ecológica, sociológica y cultural. Autónomo será Yumbo, si sus gentes no tienen necesidad de ir a Cali para comprar cualquier artículo, para ir al cine, o comerse un helado, es decir, si la vida yumbeña gira en torno a Yumbo, y no tiene necesidad de gravitar en los comercios, en las diversiones y en los centros educativos y culturales de Cali. Autónomo será Yumbo, cuando los yumbeños podamos presumir de un comercio bien surtido, unos locales recreativos bien dotados, suficiente número de centros de enseñanza, cuando el trabajador no tenga que gastar hora y media de bus en su desplazamiento al trabajo. Autonomía, pues, en lo ecológico y en lo social.

También necesitamos autonomía en lo cultural. No depender de Cali en las formas de vestir, en los sitios de diversión, en las festividades y acontecimientos. Se entiende que una influencia de Cali sobre Yumbo es inevitable, e incluso puede ser recomendable, siempre que no lleve consigo un desprecio a las tradiciones propias, a los modos auténticos de ser y pensar yumbeños. Es bueno siempre aprender de los otros, cuando esto no lleva a una despersonalización, a una infravaloración de lo nuestro, en pocas palabras, siempre que ese enriquecimiento con lo ajeno no sea una copia servil.

Podrá decirse que conservar la autonomía y convertirse en un suburbio no son las únicas posibilidades que tenemos. Yo creo que sí. Por nuestra situación geográfica y la disposición ecológica de Yumbo y de Cali, por nuestro nivel cultural, y por la historia reciente de continua inmigración hacia los polos desarrollados del país, Yumbo si no se esfuerza por conservar su autonomía tendrá que convertirse en un satélite caleño, donde se desplazará buena parte del vicio, de la gente marginada y de la incultura de la gran ciudad: un suburbio. Las distancias se han acortado mucho con los medios de comunicación, la política económica ha hecho de Yumbo un polígono industrial en donde las fabricas nos dejan sus humos y su mal olor, el moderno estilo de diversión, polarizado en el fin de semana, hace de nuestras piscinas y nuestros grilles una válvula de escape idónea para los malos hábitos de muchos caleños. ¿Todo ello puede decirse que contribuye al bien de Yumbo? Quizás al bien económico de algunos sí, de muchos tal vez, ¿pero el bien del hombre se reduce al bienestar económico? De ninguna forma.

¿Qué podremos hacer para evitar este desastre? Esa es la cuestión que debe inquietarnos a todos los ciudadanos. A los que recibieron del pueblo el encargo de gobernar, y a los que no queremos abdicar de nuestras responsabilidades ciudadanas.

Es una cuestión difícil y sería necio que quisiéramos resolverla en un breve artículo. Nosotros sólo queremos levantar la voz y llamar la atención sobre el problema. Y para que nadie diga que nos conformamos con ser negativos, apuntaremos algunas líneas de solución.

En lo económico los yumbeños debemos defender el privilegio que, por acuerdos municipales, se nos ha reconocido y que en la práctica no goza de total vigencia: las fábricas situadas en el municipio de Yumbo deben dar trabajo con prioridad al personal residente en Yumbo. Todos nosotros debemos hacer un esfuerzo por consumir y negociar en nuestro pueblo y no recurrir a los negocios de Cali por cualquier bobada.

En lo político, en lo administrativo, en los directorios, me parece que debiéramos luchar contra la tendencia a considerarnos como un barrio de Cali, a no ser que, circunstancias muy especiales y claramente ventajosas, en cada caso lo aconsejen. En esta línea me parece que es un error que nuestros puestos de servicio al bien común sean detentados por personas que viven en Cali. Podrá comprobarse la conveniencia en algún caso, pero Yumbo debe demostrar que es capaz de regirse a sí mismo.

En lo educativo, es preciso que luchemos por autoabastecernos con suficientes centros de formación. Puede ocurrir, como ocurre en otros muchos sitios, que haya familias no contentas con que sus hijos estudien en centros de mediana categoría, me parece que eso además de llevar consigo un gasto superior desencadena una consecuencia nociva para nuestro pueblo, será difícil que nuestros centros docentes se mejoren, cuando en vez de apoyarlos con nuestra pertenencia a ellos, buscamos otros que nos dan aparentemente más seguridades o más importancia.

La recreación, que no debiéramos separar de lo educativo, se enfrenta con el mismo problema. Cuando queremos organizar un buen espectáculo llamamos a Cali, olvidando a nuestros artistas, cuando queremos ver una buena película también vamos a Cali. Consecuencia: nunca tendremos buenos artistas ni buenas películas en Yumbo.

El problema se complica más aún en lo familiar y en lo religioso, verdadera institución axial de nuestra sociedad, en torno de la cual ha girado hasta ahora el acontecer humano más trascendente. Vivimos en unos momentos en los que la familia y el cristianismo están perdiendo su papel rector, y no se vislumbra que otras instituciones ocupen su lugar, para responder a las exigencias más íntimas del ser humano.

Fomentar la cohesión familiar, la autenticidad y profundidad de los valores cristianos (de los auténticos, no del folklore supersticioso y trasnochado) es una labor en que debiéramos empeñamos todos los que sinceramente queremos a Yumbo y creemos en esos valores. Pero nos llevaría otros muchos artículos el perfilar estas afirmaciones, dejémoslas aquí, haciendo votos porque en el futuro, y nadando contra corriente, Yumbo reconquiste su papel propio e intransferible en la hermandad de los pueblos del Valle, de Colombia y del mundo entero.

Yumbo, 20 de octubre de 1972.

Foto tomada en los años 70 en la antigua casa cural de Yumbo. Los sacerdotes Cándido Isado Jiménez, N.N., N.N., José Luis Muñoz-Quiroz y Manuel Richard Rodríguez. (Cortesía de Ydalia Santamaría Valencia para todosesupo.com).

Por Manuel Richard Rodríguez. Reflexión escrita el 20 de octubre de 1972.

Manuel Richard Rodríguez. Sacerdote y sociólogo español, trabajó en Yumbo en los años 70. Fue docente en el Liceo Comercial.  En 1976 publicó el Estudio Socio-Cultural de la zona urbana del Municipio de Yumbo. De regreso a su patria, publicó varias obras entre las que se destacan: Los Inmigrantes en la Mancha y Sociología Electoral de la Provincia de Ciudad Real, entre otras.  Falleció el 10 de enero del 2003 en España.

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