El martes 23 de julio de 2013 los amigos de Alejandro Valera recordaron su partida a la casa del Padre. Sus amigos se encontraron en el templo de Nuestro Señor del Buen Consuelo, aquel templo que por allá iniciando los 70 acogió a Alejandro cuando aún estaba fresca su ordenación sacerdotal. Luego pasaron al auditorio del Instituto Municipal de Cultura para participar en el homenaje póstumo y la presentación del libro Al final, Esperanza, libro con el que Alejandro siempre soñó.

En el templo parroquial, muy puntual, el padre Norbey de Jesús García, inició a las siete de la noche la celebración eucarística. Con el templo completamente lleno, el padre Norbey puso de presente las virtudes cristianas que caracterizaron a Alejandro como hombre de Fe que siempre fue. Y el padre Norbey sí que tiene elementos para dar cuenta de ello, pues fue testigo de su celo por la Iglesia de Cristo y su compromiso en la construcción del templo material y la promoción de los seres humanos. El padre Norbey recordó el trabajo pastoral de Alejandro en la vereda de Mangavieja y los corregimientos de San Marcos y Mulaló.

Quienes asistieron, finalizada la misa de acción de gracias por la vida de Alejandro, escucharon el testimonio de Amparo Inés Tello Becerra, esposa de Alejandro. Y fue ella quien le recordó a los yumbeños que fue en el Templo del Señor del Buen Consuelo donde Alejandro ofició su primera misa en Yumbo; ahí fue donde administró los sacramentos del Bautismo, Eucaristía y Reconciliación. Amparo recordó a los muchos moribundos a quienes asistió el entonces padre Alejandro y que el paso de los años habría de convertirlo en su esposo.

El altar del Señor del Buen Consuelo fue el sitio en el que Amparo agradeció a Dios por el amor y la entrega que siempre demostró Alejandro a lo largo de sus 67 años de vida terrenal, de los cuales 35 años y siete meses fueron compartidos con ella, unión de la cual quedan sus hijos Miguel Hernando y Alejandro Valera Tello.

Amparo Tello Becerra, esposa de Alejandro Valera Piña se dirige a los asistentes al auditorio del Imcy. Foto Museo San Sebastián de Yumbo para www.todosesupo.com

El auditorio del IMCY, el otro espacio sagrado para Alejandro
Las palabras de Amparo Tello en el templo del Señor del Buen Consuelo sacaron lágrimas en muchos asistentes a la Eucaristía. Y tuvieron que repetir el llanto cuando ella, en el auditorio del Imcy compartió la carta que desde España le envió Alejandro, contándole que ya había clarificado lo que sería su futuro: solicitaría la dispensa de sus votos sacerdotales, y le pedía a ella que fuera su Esposa.

El auditorio del Imcy fue el escenario para conocer la faceta del hombre sensible a las artes como lo fue Alejandro. En ese encuentro de amigos supimos del inmenso amor que le tenía a España, su patria chica, y también a Colombia, su segunda patria. Colombia se volvió importante para Alejandro cuando llegó en 1969 recién ordenado. Y con la intrepidez, la alegría y el coraje propios de la juventud, se dedicó a pastorear la grey en este rincón latinoamericano y a promocionar al ser humano, sobre todo a los jóvenes, y se le ocurrió fundar el Club Los Dinámicos, aquel crisol de donde salió una excelente camada de profesionales que habrían de brindarle a Yumbo una faceta diferente.

Alejandro Valera Piña, poeta desde sus años de adolescencia, siempre quiso publicar su libro de poemas, pero esa empresa no contó con el respaldo en las puertas que tocó. Por eso, después de su partida a la casa del Padre, sus amigos (Hernando Cortázar, Fernando Quiroz, Abdul Solórzano, entre otros) acogieron la idea de Amparo de hacer realidad ese sueño. El auditorio del Imcy se llenó con sus antiguos compañeros de trabajo, con sus ex alumnos, con sus vecinos, y con la familia, la que formó acá en Yumbo, quienes respondieron al llamado, y fueron testigos del cálido homenaje póstumo que se le tributó, precisamente con la entrega del anhelado libro de Alejandro.

El acto fue abierto con Granada, aquella canción del mexicano Agustín Lara y que los españoles asumieron como propia y se cerró con el Himno a la Alegría, todo acorde con lo que fue Alejandro, porque así llevara cuarenta años entre yumbeños, se seguía sintiendo de la lejana España y toda su vida fue una alegría, una esperanza, algo de lo que siempre estuvo convencido.

Por eso el libro que se presentó en la noche del martes 23 de julio de 2013, un año después de la muerte de Alejandro Valera Piña, no podía tener otro título: Al Final, Esperanza. Amparo Tello dijo que la mejor manera de recordar a su amado esposo era teniéndolo presente en sus escritos, por eso con un grupo de amigos se dieron a la tarea de editar el libro que siempre quiso él publicar.

Amparo dice, en la presentación del libro de su esposo, que

son los poemas de un hombre de gran hondura humana, que “caminaba en sueños e iba buscando a Dios en su camino”, de un hombre que pasó por la vida dejándonos unas cuantas y vigentes palabras verdaderas. Pero también nos dejó fe y esperanza. Palabras de un hombre bueno.

Todos los amigos, aun aquellos que no lograron llegar hasta el templo de Nuestro Señor del Buen Consuelo ni al auditorio del Imcy, contribuyeron para que ese sueño de Alejandro, su libro de poemas, saliera a la luz pública. Con los rendimientos económicos que deje la venta del libro, Alejandro, desde la casa del Padre, podrá ver realizado ese otro sueño suyo: la continuación de la obra de la Capilla dedicada a Nuestra Señora de la Virtudes, patrona de su pueblo natal y que él entronizó en su otro pueblo, la vereda de Mangavieja, corregimiento de San Marcos, municipio de Yumbo, Colombia.

Por Juan de Dios Vivas-Satizábal, director www.todosesupo.com.

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