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Evocando a Ciempalos

Ciempalos fue una extensa manga pletórica de chiminangos ubicada donde hoy día se asienta el barrio Portales de Comfandi en Yumbo. Era ese amplio potrero enmarcado por las carreras sexta y doce y que desde la calle quince se iba estrechando por los tanques de combustible de la Esso y Codi Mobil y los potreros de la hacienda La Estancia, hasta colindar con el Colegio Mayor, por su parte de atrás, lo que hoy día es la calle catorce.

Ciempalos era el sitio por donde transitaban todos los días quienes estudiaban en el Colegio Mayor, la escuela Juan B. Palomino y con el paso de los años el Liceo Comercial. En la época invernal Cien Palos se volvía intransitable. Se formaban grandes charcos los que había que sortear saltándolos por lo que llegábamos al colegio y a la escuela con los zapatos y medias mojadas.

Grandes praderas también caracterizaron a Ciempalos, praderas donde pacía el ganado cebú. Cuando regresábamos del Colegio teníamos que mirar de un lado para otro porque el ganado nos perseguía, teniendo que dejar los cuadernos tirados en el suelo para subirnos a los árboles o buscar escondrijo y así evitar una cornada.

En el lindero norte de Ciempalos, es decir la carrera sexta, había unos corrales donde pernoctaba el ganado. En la esquina de Metaval, carrera sexta con calle catorce, una chocita donde hacían ollas de barro y a un lado una planada donde quedaban los espacios libres de árboles que aprovechábamos para jugar fútbol.

Las canchas de Ciempalos
El césped de Ciempalos acogió a la muchachada yumbeña, allá íbamos a jugar. Recordamos al Peludo Bejarano, quien iba a jugar con su hijo Germán, y organizaba los partidos entre las galladas de los barrios Bolívar y Uribe; éstos si eran partidos que se jugaban a veces hasta las siete de la noche.

En la tarde de los domingos en la tarde casi todo el espacio para jugar fútbol era copado por los paisas que bajaban en un camión trayendo a sus familiares con canastas de gaseosas y guacales de cerveza. Mientras los niños correteaban y las mujeres comían prójimo, los piernipeludos de sus maridos corrían tras una pelota así como corrían en la galería o en los graneros el resto de la semana. En ese grupo sobresalían los hermanos Parra: Maelo, Jaime y Guillermo.

Entre los grupos que bajaban a jugar a Ciempalos merece especial atención la Gallada Humo. Alternativamente jugaban en la cancha de La Canoa (actual barrio Dionisio H. Calderón) y el campo de Ciempalos. Después de muchos años uno de los integrantes de esa gallada reconoció públicamente, y con cara de yo no fui porque su rol en la vida pública yumbeña así lo exige, que el secreto bien guardado por alguno de sus compañeros para correr como caballos durante más de tres horas de fútbol, era que se ayudaban con pony malta de relojera comprada donde Sayo en Las Vegas…

De todos los sectores de Yumbo llegaban los muchachos a jugar futbol a Ciempalos. Alfredo Sotelo era uno de los clientes número uno de Ciempalos, así como también lo fueron los hermanos Germán y Diego Constaín. Ellos no se caracterizaron por sus dotes en el manejo ni de su cuerpo ni del esférico, pero sí por tener uno de los mejores balones Soria lo que les daba derecho para ser elegidos en cualquiera de los dos equipos. Siempre ostentaron su puesto en el campo de juego desde aquella tarde cuando, ante la cantidad de gente pidiendo chico, no los tuvieron en cuenta y al iniciarse el picao, Germán cogió el balón bajo su brazo y salió sexta arriba rumbo a su casa de la séptima con sexta.

Campos de fútbol, lechos de pasión
En la noche las verdes praderas de Ciempalos se convertían en el Parque del Amor, donde los zancudos, las hormigas, el yaibí y las ladillas abusaban de las parejas que iban a contar las estrellas y a observar la oscuridad del firmamento.

Quienes íbamos a coger luciérnagas, muchas veces tropezábamos con bultos que se contoneaban de un lado para otro y se iban acomodando en la hierba… ¿Quiénes no recuerdan a las chicas querendonas de entonces: La Chicle, Tina, La Muy Indigna, La Gritona, La minifalda, La Baticueva, Salomé, Tres Pesos, La Guerrillera, La Roncona, Las Tico, La Muda,… que convirtieron a Ciempalos en el lugar de encuentro con los adolescentes de Yumbo?.

Ellas con gusto servían de sacerdotisas en el lúbrico ejercicio del rito de iniciación en el gustar y degustar las mieles de los amores furtivos. Las ceremonias plagadas de pasión, junto con el miedo de ser encontrados, hizo que Ciempalos fuera el sitio donde los quejidos y los alaridos asustaran a los transeúntes que pasaban desprevenidamente por la carrera sexta y que a esas horas se convertía en La Calle del Terror.

Como los muchachos yumbeños éramos de escasos recursos económicos teníamos que conformarnos con ir donde roza o donde Pío. Muchos de los que ahora leen esta crónica y que esbozan una sonrisa en sus labios eran clientes de Ciempalos.

Sexta abajo o sexta arriba, dependiendo de dónde vinieran, era común ver a jóvenes de familias yumbeñas, de La Chanca, Belalcázar, Bolívar y no faltaban aquellos que llegaban desde Lleras, Guacandá y La Estancia. Sus nombres algún día saldrán publicados en el libro Las Historias Prohibidas de Yumbo, de la Editorial El Fósforo con la redacción de Silvio Montenegro.

Ciempalos fue testigo silencioso de estas historias de pasión, donde las parejas se cubrían con el espeso manto de la noche, en medio de las picadas de zancudos y de la cosquillita que producía la hierba en todo el cuerpo, especialmente en…

Por Hernando Cortázar Sepúlveda y Juan de Dios Vivas-Satizábal.

Nota del Director: Esta crónica es una adaptación de la que fue publicada en el libro ¡Yumbo! Tradiciones, cuentos e historias. Editorial Poemia, Cali. 2006.

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Todo se supo es un producto de Los del Medio S.A.S.

2 COMENTARIOS

  1. Comentario de Sofonal Davepo publicado en el perfil de Facebook de Gustavo Lenis Bejarano: Aún recuerdo mi niñez cuando en el recreo de las 10 de mañana en la escuela Juan Bautista Palomino salíamos a corretear jugando al Santo, el enmascarado de plata; al Llanero Solitario, a Kalimán, a los indios buenos y malos, y cuando ya pasamos al Colmayor en educacion fisica el profe Bolívar nos hacia subir por Las Tetas (Portachuelo) al trote bajar por La Estancia, bordear la carrilera hasta Comfandi y atravesar Ciempalos hasta llagar a la cancha y no me diga más.

    Las vacaciones bajábamos con viandas porta comida amarrados en palos de escoba para llevar a los trabajadores de Borden o Titan y así obtener dinero para las vacaciones y mandarnos el repelo. Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

    Gracias, hermanos, he vuelto a mi niñez. Dios los bendiga por regalarnos estos recuerdos tan hermosos.
    30 de marzo de 2014. 09:15 Horas.

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