Por Mahmoud A. ibn Marlium Jamir para www.todosesupo.com
I
Si el mismísimo Aristóteles resucitara para sólo ello —como dice Cervantes— se horrorizaría al ver con lo que hemos hecho con lo que acostumbramos a llamar «democracia», sobre todo, en los niveles más locales. Nuestro sistema, básicamente clientelista, se basa en una serie de suposiciones arbitrarias: en primer lugar, se supone que si uno regala cosas que debería garantizar el Estado, seguramente es buen amigo; si es buen amigo, seguramente será buen líder, si es buen líder, seguro va a obtener el voto de los clientes y si lo logra, seguro va a ser un buen político. Pero no contentos con ello, nos pavoneamos por el mundo —o mejor, por las redes sociales— jactándonos de lo superior que es ese sistema con relación a los otros que puedan existir en el mundo, aún sin tener una idea mínimamente previa de absolutamente nada sobre ellos. Entonces nos alegramos cuando caen —a veces de formas dignas de una película de Tarantino— figuras que no nos gustan por el sólo hecho de ser representativas de esos otros sistemas imperfectos por definición.
Ello ha ocurrido con regularidad en lo que los ya no tan jóvenes, preferimos llamar «la historia más reciente»: Ṣaddām Ḥusayn en Irak, Mu’ammar al-Qaḏḏāfī en Libia o, más recientemente, el líder supremo de Irán, por no mencionar el vecindario más cercano. No afirmo que aquellos sistemas políticos o económicos sean unos mejores que otros (ni siquiera que el propio) sino que asumimos desde el desconocimiento más absoluto lo contrario y para contribuir a mejorar esa situación en específico me propongo una brevísima aproximación a la situación de moda: Irán.
II
Para empezar, habría que esclarecer una serie de categorías que generalmente no se tienen plenamente claras a la hora de abordar el «problema» del Medio Oriente: étnicamente hablando, los iraníes no son árabes sino persas: ahora, en lo que a religión concierne, son casi absolutamente musulmanes, pero shías (chiítas): una gran isla rodeada por el sunnismo de sus vecinos árabes.
Ahora bien, en la década de los ochenta, cae una especie de monarquía antiquísima que gobernó el país hasta la llamada Revolución Islámica en cabeza del āyatu l-lāh Ruholá Musavi Jomeiní e implantó una versión bastante jerarquizada del islam que ha perdurado hasta la fecha. La incertidumbre que se vive tras el asesinato del más reciente líder supremo, Alí Hoseiní Jameneí, es sobre si este hecho provocará la caída de ese sistema tal y como lo conocemos o habrá uno nuevo.
En el primer escenario, es decir, el de la caída del sistema de los āyatu l-lāh, existe una alta probabilidad de que regrese el shah, es decir el régimen monárquico previo pues Mohammad Reza Pahleví está al acecho. En el segundo escenario, es posible que la estructura jerarquizada de los āyatu l-lāh garantice una sucesión sin traumatismos: Todo depende de lo que en sociología conocemos como «Estructura de Oportunidades Políticas».
III
Las diferencias fundamentales entre shías y sunníes en el islam no radican en aquello en que insiste Diana Uribe: que los sunníes aceptan la tradición (sunnah) y los dichos (ahadith) del profeta Muhammad mientras que los shías los desconocen, sino en cuáles aceptan preferentemente una y otra corriente. Adicionalmente, esta división se atribuye al hecho que sucede a la muerte del Profeta: los sunníes han sido partidarios de que los compañeros de éste, fueran quienes siguieran liderando a la comunidad musulmana, mientras que los shías son partidarios de que lo hiciera Alí, su yerno y que esa autoridad esté en cabeza de su linaje.
El concho: Con lo del Epstein ya vamos imaginando en qué consistió «la cordial y muy franca conversación sobre problemas y perspectivas de Colombia y la región» del dueto Pastrana-Uribe con el Trump.

Mahmoud A. ibn Marlium Jamir. Sociólogo. Exmiembro del Parlamento Nacional de Juventudes Liberales. Excandidato al Consejo Directivo del Instituto del Pensamiento Liberal. Exsecretario de la Dirección Municipal Liberal de Yumbo. Corista y serenatero. Ópera, libros, café y tabaco.
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Algunas preguntas sobre la situación:
¿Por qué Irán?
¿Si asesinaran al Santo Pontífice, se acabaría el catolicismo?
¿Cuánto es el costo de este ataque para Europa y el mundo occidental?
¿Con el asesinato del lider espiritual se da por cumplido los objetivos?
Quieren dar un tinte teológico a una intervención tan burda, pero la gente ya no les cree, eso es neocolonialimo puro y duro, saqueo frontal de recursos naturales críticos, en este caso el petróleo, pero les va a salir caro, eso no es venezuela, de pronto se llevan una desagradable sorpresa, Irán es una nación resilente con más de 6.000 años de historia.