Hace poco tuve la oportunidad de conocer al reconocido chef Ferran Adriá -y por supuesto también a algunos de sus excéntricos platos-. Y digo ‘excéntricos’ porque Adrià tiene el mérito de haber introducido en los campos de la cocina las armas propias del arte. En una mesa se evidencia la presencia del maestro de El Bulli porque fácilmente puede encontrarse uno con un plato descontextualizado que, salvo por su sabor, no tiene absolutamente nada en su aspecto que delate su verdadera identidad. Así podemos encontrar sin ninguna dificultad un arroz líquido acá, un tinto en esferas allá y una ensalada en forma espuma más allá.

Lo que el innovador cocinero no sabe es que sus descontextualizados platos tienen competencia y superación en el terruño del Cacique Jacinto -entre otros cacicazgos-. Y no estoy hablando de cuaresmeros, desamargados, sopas de tortilla, brevas ni manjar blanco. No señores. Hablo de platos fuertes y comidas rápidas. Como el sancocho político cuyos ingredientes se ven en abundancia por estos días pero cuya cosecha no cesa casi nunca. Basta una breve caminata matutina por las calles de la capital industrial para encontrar la carta de platos: Verdes con Cambio Radical y otros aditamentos (algunos bastante picantes y mutuamente excluyentes), gallo liberal declinado (consumase una vez servido), exalcalde arrepentido (bebida fermentada) y algún comensal que cuando come no conoce.

Basta con esperar un período muy breve de tiempo para sentir el inocultable aroma de los platos quemados, pero, en cualquier caso, esperemos con todo fervor que finalmente lleguen los mejores platos a la mesa… no vaya a ser que se nos queme el pan en la puerta del horno.

Por: Marlium Jamir Pérez para www.todosesupo.com

Marlium Jamir Pérez /Estudiante de sociología y de estudios políticos y resolución de conflictos; miembro de la Asamblea Departamental de Juventudes Liberales, del colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz, del Parlamento Nacional de Juventudes Liberales y del Instituto del Pensamiento Liberal ‘Alfonso López Michelsen’.

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