DE LA PEQUEÑA TIENDA AL GRAN COMERCIO

Quien quiera que hoy día vea el comercio en nuestra ciudad es posible que piense que tal como lo tenemos así haya sido siempre. El yumbeño del siglo XXI es afortunado al encontrar en sus calles lo que demanda para su diario vivir: almacenes de ropa, cafeterías, restaurantes, pizzerías, droguerías, y un extensísimo etcétera que va desde las ferreterías y afines, hasta los sitios para los juegos de azar.

En el Yumbo de nuestros antepasados era común el intercambio de los productos de sus parcelas de pan coger: Yumbo era autosuficiente en materia alimenticia. Los solares de nuestras casas producían nísperos, brevas, madroños, chirimoyas, plátano, banano, hortalizas y la famosa flor de montenegro. Todos estos productos del campo servían para la manutención de las familias, para intercambiar con los vecinos y familiares y para vender al paso del tren rumbo a Buenaventura o llevarlos a los mercados vecinos, sobretodo al del Calvario en Cali en el bus escalera (“la línea”) que salía de Yumbo a las cuatro de la mañana y regresaba por la tarde. Lo que no producía la tierra yumbeña era conseguido en la tiendas de Granario Ibarra, César Ferrerosa, Nicanor García, Humberto Reyes y en la miscelánea de don Roberto Ferrerosa, y con el paso de los años en la tienda de don Luis Tobar y doña Ligia Sánchez, hoy Supermercado Belalcázar.

La migración que produjo el advenimiento de la industria en nuestro municipio hizo que los negocios de nuestros antepasados quedaran pequeños para atender a tanta gente que llegaba a poblar nuestro terruño. Los tenderos de Yumbo iban a Cali a comprar granos y abarrotes al por mayor, razón por la cual a Néstor Parra se le ocurrió la idea de montar un negocio en Yumbo, naciendo el Supermercado El Serrucho, luego llegaría Carlos Parra con La Ganga, Francisco con El Avión, Héctor Buriticá, los García…. Por aquel entonces, un joven estudiante de medicina vendía papa los sábados y domingos, se casó y se quedó en Yumbo y algún día fue Secretario de Salud Municipal, ese era el doctor Parrita (Heriberto Parra Zuluaga).

Premonitoriamente, en 1972 el presbítero Manuel Enrique Richard Rodríguez publicó un artículo en la revista Yumbo Industrial (editada por Luis Eduardo Zambrano) en el que nos preguntó a los yumbeños: ¿Yumbo ciudad del futuro o suburbio de Cali? En su momento alertó sobre la importancia de que Yumbo conservara su identidad para no dejarse absorber por la metroli, y consideró que una manera de evitarlo era que los yumbeños empezaran a usar los servicios que el otrora pueblo empezaba a ofrecernos: debíamos empezar a comprar en Yumbo para que algún día el comercio local progresara. Decía Manolo que Yumbo crecería el día en que para comernos un cono o comprarnos una camisa no tuviéramos que desplazarnos hasta Cali.

Los yumbeños no tenemos nada qué envidiarle a nuestra gran ciudad vecina. Todo lo tenemos y todo lo encontramos, salvo algunas excepciones como una sala de cine; sin embargo, ello no es óbice para seguir queriendo a Yumbo, porque el día que queramos disfrutar una buena película tenemos la ventaja de contar con un servicio de transporte público que acorta las distancias.

En la medida en que sigamos valorando lo que tenemos en Yumbo, seguiremos creciendo como pueblo: vale la pena que le sigamos apostando a nuestro engrandecimiento.
En el mes del Comerciante Yumbeño saludamos a la Asociación de Comerciantes de Yumbo (ASCOMY), sus directivos y de manera especial a sus gestores.

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