Por: Modesto Al Ajillo para www.todosesupo.com

A riesgo de que me llamen viejo amargado como el de la película, no me gusta la celebración del recibimiento del Año Nuevo. No deja de ser una celebración húmeda: mocos, lágrimas y babas que la gran cantidad de borrachos y borrachas arrojan sobre el rostro, el cuello y las manos de los contertulios.

Todo lo anterior sin contar la cantidad de agüeros con que se colman las personas y los comerciantes colman sus bolsillos gracias a los cucos amarillos o rojos (depende del color que ordene la moda); las champañas encarecidas con el dólar genuino; las uvas que ya no son de La Unión (Valle) sino de Chile; las papas debajo de las camas; las vueltas a la manzana corriendo con la maleta (para lograr un viaje aunque sea a Pelongo). Todo ello pretendiendo dejar en manos de la suerte el presente de cada quien, desconociendo que SUERTE es Saber Utilizar los Recursos y los Talentos con Eficacia.

De la noche de hoy rescato los buenos propósitos que si se pudieran medir y acumular en transformadores de energía, serían suficientes para cambiar el Mundo. Por eso creo, que la celebración de despedida del año viejo y el advenimiento del Nuevo debería de ser por ahi cada dos meses. Porque cada 31 de diciembre se repite lo mismo: en este año sí voy a dejar el trago o el cigarrillo o las viejas. Va la madre si en este año no estudio y logro ese ascenso que tantos años ando buscando. Vea, mija: este año si me pongo a hacer ejercicio juiciosa, pero como casi todos esos propósitos no superan la primera quincena del año, entonces que se vuelva rutina formulárnoslos cada mes, como mínimo.

Hoy en la noche de San Silvestre no saldré. Estaré en la soledad de mi hogar elevando una plegaria al Creador para que todos mis coterráneos tengan un buen año 2012; para que todos nos sintonicemos en la idea de construir un mundo mejor, no importa el momento en que empecemos a hacerlo, así sea hoy cuando las campanas del reloj estén anunciando el final de la última hora del año y el inicio de la primera del 2012.

Que todos disfruten sanamente la cena (así sea Arroz Congo: arroz con güevo, como dice el Crazy Raúl en España) las uvas, la champaña, pero que no olviden que solo hay que vivir un día a la vez, que cada día trae su propio afán, que mañana amanecerá más cara la gasolina y el ACPM, y que el lunes hay que seguir trabajando por el engrandecimiento de nuestra patria y de nuestro Yumbo.

Yo por mi parte, mañana 1 de enero madrugaré para ir a hacerle el amor a la montaña con mi habitual caminata y darme cuenta de que a pesar de la bulla, la pólvora, el trago, el guayabo y la peladez en el bolsillo de más de uno, los pájaros madrugan a trinar, las mariposas a volar y el sol como siempre a alumbrar sobre justos y pecadores.

Para todos, ¡Feliz Año 2012!

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