Dicen que todos, absolutamente todos los mandatarios elegidos por los yumbeños y por las yumbeñas han recurrido -unos con más devoción que otros- a los tradicionales agüeros del 31 de diciembre. Pero eso no tiene nada de extraordinario… y como no vale la pena escribir aquí algo que no sea digno de comentar en el parque, es preciso revelar además que -pese al pesimismo de don Modesto Al Ajillo– dicen que a todos les ha funcionado el augurio al que cada cual ha recurrido. La mala noticia es que, por razones obvias, no podré revelar los nombres de cada cuál; sin embargo, un buen lector o una buena lectora, podrá deducir el nombre del alcalde que corresponda a cada una de las prácticas supersticiosas que relataré a continuación:

Sin duda el baño con champaña para la prosperidad no pudo faltar, aunque algunos de ellos -por si las moscas- recurrieron a un baño interno para llevar la prosperidad incluso a los lugares más recónditos del tubo digestivo. Dicen incluso que muchos llegaron a excretar dinero sin ayuda de enemas.

Otros prefirieron hacer las maletas y salir a recorrer la cuadra, aunque como nunca está de más ser precavido, dicen que algunos optaron por recorrer todo el barrio y hasta la comuna. Esta práctica es tan efectiva que se dice que esa fue la única vez durante su mandato que se les vio por esos lares.

Pese a la efectividad de ello, otros eligieron dedicar los últimos minutos del año viejo para preparar un buen sahumerio, aunque el aroma y los resultados del año venidero hicieron deducir que la preparación, que se había salido bien hasta entonces, al final por falta de cuidado o por exceso de calor, se había quemado.

Las lentejas estuvieron presentes en los agüeros de todos. No obstante, mientras que unos llenaron sus bolsillos con ellas, otros decidieron mejor asegurarlas en la panza. Nunca está de más ser precavido.

Algunos lavaron o hicieron lavar sus casas con agua de lluvia para atraer las buenas energías. Tal fue la efectividad de esta práctica, que el agua de lluvia arrasó no sólo con las malas energías de muchos hogares yumbeños, sino con todo lo que estorbó su paso.

Pero de todo este catálogo de posibilidades, se dice que todos los anteriores burgomaestres de nuestro municipio escribieron sus propósitos para el año venidero en un papel. Sólo se dice, que la mayor parte de ellos omitió escribir entre su listado un imperceptible pero importante punto: conservarse en el poder. ¡Sólo queda esperar que el nuevo alcalde no lo haya olvidado!

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