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A propósito de la gente de Yumbo

¡Qué gran oportunidad nos brinda esta noche Luis Alberto Londoño para hablar de la gente de Yumbo!, cuando nos hemos congregado para recibir de sus manos el segundo volumen del libro La Gente de Yumbo cuenta su historia. A Luis Alberto le agradezco el honor que me confiere al pedirme que sea quien presente su más reciente producción bibliográfica.

Luis Alberto Londoño Rosero, egresado del Plan de Licenciatura en Historia y Especialista en Administración Pública de la Universidad del Valle, y desde julio del año pasado Socio Correspondiente de la Academia de Historia del Valle, no es nacido en Yumbo. Aquí llegó hace más de 20 años y el azar y los azahares (ver la crónica https://todosesupo.com/2013/07/luis-alberto-londono-rosero-su-caminar-hacia-la-academia-de-historia-del-valle/) le hicieron echar raíces en Yumbo y como buen investigador social empezó a conocer el devenir de nuestro terruño.

Dios nos libre a los yumbeños de sufrir el síndrome de Adán, el creer que antes de nosotros no hubo antes y que nuestro territorio haya sido el lugar donde surgió la Humanidad, porque entonces estaríamos pisando terrenos del Paraíso, del Edén.

Por allá en el siglo XIX, el paleontólogo argentino Florentino Ameghino, autodidacta de formación, lanzó la tesis de que el hombre americano es autóctono; más aún, que nuestro continente, concretamente la Pampa Patagonia Argentina, fue la cuna de la Humanidad hace unos 70 millones de años. Obviamente aquella hipótesis nunca fue tomada en serio y no faltó quien pensara que tal planteamiento tuviera que ver con el talante estereotipado de que los argentinos se crean el origen del mundo. Espero que con este comentario no se ofendan los europeos de Suramérica y mucho menos Raúl Zúñiga, el popular Amarildo, el más argentino de los yumbeños.

Yumbo tampoco ha sido la cuna de la Humanidad. Nuestro territorio fue poblado por individuos llegados de afuera. Una noche, al calor de un humeante y oloroso chocolate y una batea llena de pandebonos, el cura Tomás Antonio Urresta, ecuatoriano y excelente orador, tío de Tomás Urresta Santamaría y tío abuelo de Carlos, a un grupo de yumbeños les contó que había encontrado el origen de Yumbo, y lo situó al norte de la hermana república del Ecuador, en la región de Latacunga.

Por casi 100 años tuvimos los yumbeños la creencia de que nuestro origen estaba en el sur. Sin embargo, en el 2007, don Ernesto Lenis Díaz publicó su obra San Sebastián de Yumbo, Mi antiguo Xiu Boi, donde plasmó sus investigaciones que nos ilustraron diciéndonos que el origen de Yumbo hay que buscarlo en la Península de Yucatán, en Centroamérica.

Todo este proemio para decir que los yumbeños somos extranjeros en esta tierra, y retomo las palabras de William Ospina, quien a su vez cita a Richard Sennet, cuando afirma que es fundamental que aprendamos a comportarnos como extranjeros, arraigados con amor pero con cautela en un territorio desconocido, para no incurrir en los saqueos y las depredaciones que obran los que se sienten dueños para siempre, los que presumen de una excesiva familiaridad con el mundo; hasta aquí lo que dicen Ospina y Sennet.

Todos, pues, desde aquellos antiguos Xiu Boi, aquellos primeros pobladores de las tierras de la lluvia y los telares que se asentaron en las faldas de la loma de Guacandá, en Mulaló, en Guabinas y en las alturas de Yumbillo, Santa Inés, Montañitas y San José, nosotros los que en esta noche nos hemos congregado en este auditorio y aquellos que habrán de llegar a esta tierra que nuestros antepasados soñaron como la comarca de paz y trabajo, todos, pues, digo, somos extranjeros.

Estas tierras, entonces, se fueron poblando, y sus gentes, la gente de Yumbo, se dieron a la tarea de engrandecerla desde la simplicidad de una relación armónica con la Pachamama, la madre tierra, siendo conscientes de que una buena relación les permitiría la supervivencia, la de ellos y la de sus descendientes. Es decir, no abusaron de su entorno, conscientes de que somos meros pasajeros, extranjeros, seres que vamos de paso y que por lo mismo hay que preservar el territorio para los que vendrán después.

Cuando nos topamos con obras como la que esta noche nos congrega, cuando leemos el testimonio de personas mayores, tenemos de presente el valor que han tenido los yumbeños para enfrentar las vicisitudes propias de la vida. Este testimonio nos sirve de acicate para comprometernos con el presente y el futuro de los habitantes de Yumbo, como bien lo plantea el alcalde municipal, Fernando David Murgueitio Cárdenas, en el prólogo del libro La Gente de Yumbo cuenta su historia, volumen II.

Si hacemos un recorrido por la historia de Yumbo nos vamos encontrando con que nuestra gente siempre ha sobresalido. Según cuenta don Alberto Mendoza Mayor en su obra Memorias de Yumbo, Clara Isanoa, Estefana de Castro y Florencia Llanos (La Flora) forman el trío de indias sobresalientes de la comunidad. Clara Isanoa, por ejemplo, en el siglo XVIII abogó por la defensa de los indios Yumbo ante los atropellos de los españoles.

Defensa del territorio que también harían en 1956 los yumbeños ante la pretensión de políticos caleños de incorporar a Yumbo como el barrio del norte de Cali. Histórica fue la defensa que hicieron con el liderazgo de un grupo de ciudadanos que integraron lo que se llamó la Junta Pro-Integridad Municipal, conformada por Ernesto Lenis Díaz, Luis Humberto Tobar, Juan B. Palomino, Santiago Espinosa, Ignacio Ferrerosa, Gabriela de Ochoa, Ana Lucía Lenis de García, Carmen Tulia de Lenis, Jesús Espinosa, Joaquín Quintero Caicedo, Aminta de Merizalde, Miceno Jaramillo, Antonio Ferrerosa, Ruperto Sepúlveda, Alberto Mendoza Mayor y Agustín Tezna.

El periodista Teófilo Figueroa atiende a Ernesto Lenis Díaz, Gabiela de Ochoa, Carmen Tulia de Lenis, Ana Lucía Lenis, Luis H. Tobar, Alberto Mendoza Mayor, Agustín Tezna y Ruperto Sepúlveda cuando exponían, en nombre de todos los yumbeños, el rechazo a la pretención de Cali de apropiarse del territorio yumbeño. Foto tomada del libro Memorias de Yumbo.

La gente de Yumbo, descendientes de sus primeros pobladores así como también de los que habrían y siguen llegando después, ya forma parte del concierto nacional y mundial. Fray Alfonso de la Concepción Peña Lucio quiso trabajar aquí y llegó en 1935 cuando él ya era todo un personaje a nivel nacional. A propósito, fue grandioso el homenaje que la sociedad vallecaucana le tributó el 23 de octubre de 1935 con motivo de sus Bodas de Plata de Ordenación Sacerdotal, según consta en un documento de la época y que me compartió, en diciembre del 2010 en Bogotá, fray Luis Carlos Mantilla de la Academia Colombiana de Historia.

¿Cuáles fueron las razones para que fray Peña quisiera pastorear a la grey yumbeña?, será algo que quizá nunca sepamos. Cuentan los mayores que él participó de una fiesta en honor del Señor del Buen Consuelo, a la cual vino invitado por el general Alfredo Vásquez Cobo y que quedó prendado de esta tierra, de sus gentes y de su clima.

Y esa gente que fray Peña conoció ese lejano 14 de septiembre fue a la que motivó para adelantar las obras que Yumbo requería, y fueron tantas que hoy podemos decir que los yumbeños a él le debemos el mayor desarrollo de la historia. Pero sólo no hubiera sido capaz, contó con el apoyo y el trabajo de todos los yumbeños a quienes consideró como sus paisanos, sin haber nacido él aquí. Todos sabemos que era oriundo de Cartago, Valle.

Y conforme pasa el tiempo vamos descubriendo que siempre habrá algún yumbeño que nos ponga a sonar. Sólo por mencionar algunos nombres, aunque siempre se comete el error al dejar por fuera a otros que por igual merecen ser mencionados. En el deporte, finalizando el decenio de los cincuenta, los amantes del fútbol sabrán que un yumbeño (Israel Sánchez, el muelón Sánchez) triunfa con el Club América de Cali. Así como con el paso de los años habrían de hacerlo Saulo García Puente, Edinson Muñoz, Eduardo Pino, Horacio Cardona y más reciente, Harold Reina Figueroa que por estas fechas triunfa en el fútbol europeo, en el Apollon de Chipre. Y también gente nuestra son medallistas de talla continental y mundial como quiera que lo son Luis Javier Mosquera, Diego Lenis, Luis Carlos Galindo, entre otros, mereciendo capítulo aparte Reinaldo Rueda Rivera, flamante técnico de fútbol triunfador a nivel mundial.

Y vamos también descubriendo que en el periodismo hay gente de Yumbo: Ronald Mayorga Sánchez en Caracol Televisión y Blu Radio, J.J. Miranda en Telepacífico, Adriana Gutiérrez en RCN, Luz Adriana Latorre hoy en la gerencia de Corfecali. En la ciencia tenemos al médico Carlos Alberto Gamboa, al neurólogo Sergio Santiago Cruz, William Lenis… Profesionales como Tulio Restrepo Rivera, Luis Fernando Rodríguez Naranjo, Víctor Manuel Bastidas Valencia, físico de la Universidad del Valle y egresado del Colegio Galán y quien día a día se consolida en Alemania, Giancarlo Buzzi, de ascendencia italiana, criado en el barrio Fray Peña y egresado del entonces Liceo Comercial de Yumbo hoy Institución Educativa Alberto Mendoza Mayor.

Soy consciente de las honduras en que me he metido dando nombres de la gente de Yumbo, y acepto los reclamos justos por no mencionar a muchos más. Pero los que he mencionado hacen parte de una resumida y apretada muestra de cómo la gente de Yumbo (nativos o no), la gente que quiere a la tierra que un día nos acogió procuran por dejar en alto el nombre de este su pueblo.

Con Luis Alberto Londoño Rosero coincidimos en que la grandeza de los pueblos no reside solo en las grandes ejecutorias de aquellos que llamamos los Grandes hombres. En eso se ha fallado mucho cuando se ha escrito la Historia, tantas veces desde la perspectiva de los ganadores. La Historia se va haciendo con lo que hace el padre de familia, el obrero, las mujeres tantas veces ignoradas.

Y esta noche también para nosotros aplican las preguntas de un obrero lector de Bertolt Brecht
¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros aparecen los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?

Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió siempre a construir?

¿En qué casas de la dorada Lima vivían los constructores?

¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue ter-
minada la Muralla China?

Y a esas preguntas nos responde Luis Alberto Londoño Rosero con sus libros La Gente de Yumbo cuenta su Historia, que no es otra cosa que ponernos de presente a aquellos que desde su cotidianidad han construido a Yumbo.

Para que no se pierdan, para que no caigan en el olvido, los adultos mayores, en su lenguaje cotidiano, mediante la tradición oral, van recreando las costumbres, tradiciones, anécdotas y momentos grabados en su memoria.

Entonces, gracias a los dos volúmenes de La Gente de Yumbo cuenta su Historia sabemos cómo era el trabajo en las haciendas y la navegación por el río Cauca, de qué vivían los yumbeños y también cómo se vivió desde la cotidianidad ese gran cambio cuando Yumbo pasó a ser de un pueblo bucólico y pastoril a un emporio industrial.
Esta noche los yumbeños, los eternos extranjeros en una tierra que hace un milenio empezó a ser poblada, recibimos de manos de Luis Alberto Londoño, el segundo volumen de La Gente de Yumbo cuenta su Historia, vida cotidiana del siglo XX. Es un libro de cinco capítulos a través de los cuales los protagonistas nos llevan de su mano recorriendo el Yumbo preindustrial, el Gran Dapa, Yumbo Industrial, la educación y la gestión de la Salud.

Con este libro, Luis Alberto, tomando la vocería de todos los yumbeños, les está diciendo a nuestros mayores que reconocemos todo el esfuerzo que hicieron para que Yumbo siempre sea aquella tierra de Paz y Trabajo con la que ellos soñaron, sueño al cual nosotros, actuales inquilinos de esta tierra, no podemos renunciar, a pesar de las vicisitudes propias de la vida…

Muchas gracias, Luis Alberto, por darnos la oportunidad de hablar de la gente de Yumbo, y a ustedes, un Dios les pague por su atención.

Yumbo, lunes 12 de mayo de 2014.

Por Juan de Dios Vivas-Satizábal, director www.todosesupo.com.

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Todo se supo es un producto de Los del Medio S.A.S.

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