lunes, junio 17, 2024
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El Teatro Belalcázar

En el espacio en que otrora fuera el teatro Belalcázar funciona la Biblioteca Pública adscrita al Instituto Municipal de Cultura. De esta forma se ha cumplido el sueño que tuvieron los presbíteros Berthe de Jesús Montoya y Álvaro González Carrasquilla. En la administración parroquial del padre Miguel David García, el espacio se acondicionó para que deliberara de manera provisional el Concejo Municipal, mientras se construía el moderno CAMY. En el 2011 le correspondió al padre Ramón Elías Gómez firmar el convenio para que este espacio continúe siendo importante para los yumbeños.

Sea esta la oportunidad para rememorar lo que fue el Teatro Belalcázar. Cuentan los mayores que fue construido por fray Peña con la colaboración de la ciudadanía yumbeña. Inaugurado en septiembre de 1946 con la película “Rosal florido”, y que solo tenía un proyector que obligaba a un intermedio mientras se cambiaba el rollo de película.

Los operarios fueron Jesús García, Marcelo Rincón, los hermanos Benigno y Ángel María Sánchez Tello, Román Palechor y Miguel Lenis. Alfredo Satizábal Prado era el encargado de pintar los anuncios, y Eduardo Arellano, con un cartelón colgado de sus hombres y a pie limpio, recorría las calles del pueblo pregonando con una bocina la película del día.

El teatro tenía palco con sillas individuales de madera ubicadas en un segundo piso, delante de la sala de proyección. Su acceso era por una escalinata aislada de la puerta de entrada al teatro por una cortina que algún día fue roja y bella y que impedía que la gente desde la calle viera la película gratis. “Las barandas inicialmente estuvieron descubiertas lo que aprovechábamos los más niños para coliarnos y los mayorcitos para gozar el espectáculo de verles las piernas y los calzones a las muchachas…” Esto fue motivo más que suficiente para que los sacerdotes ordenaran tapar las barandas con tablas laterales.

El teatro Belalcázar también contaba con luneta que era la localidad popular. No tenía silletería pero sí largos escaños y pequeñas bancas para tres o cuatro espectadores. Estas bancas se prestaban para el desorden en la sala: los más inquietos las trasteaban de un lugar a otro, o las usaban para subirse a palco.

Cuando la afluencia de público colmaba la totalidad de silletería, de escaños y bancas, quienes no alcanzaban puesto debían sentarse en el suelo en la parte de adelante. Buscar acomodo en este lugar era todo un riesgo, pues no dejaba de ser una tentación para aquellos que sintieran deseos de orinar lo hicieran sobre el piso, chorro que por la pendiente iba a terminar en las posaderas de los espectadores de “primera fila”.

Cartelera del teatro Belalcázar en 1976. Foto Juan de Dios Vivas-Satizábal para www.todosesupo.com

A mediados de diciembre de cada año se realizaba el Festival Navideño consistente en una función de cine con rifa de artículos para el hogar, premiando la lealtad del espectador yumbeño con el único cine del pueblo. “Esto era un acontecimiento que esperábamos con gran anhelo: premios, mayor asistencia de gente, más muchachas para ver y, ¡qué rico!, más recocha…”

Hoy día, en pleno siglo XXI, un cincuentón recuerda: “Los muchachos de la época nunca nos olvidaremos de Bernardo Lenis, el portero, de Débora Prado, la taquillera, ni de Miguel Lenis (el último operador que tuvo el teatro). Miguel, todos los días a las doce meridiano y a las seis de la tarde, pasaba los anuncios de las películas por los parlantes del templo parroquial. Contaba la película hasta cierto punto y remataba diciendo: a verla esta noche en su teatro Belalcázar. De pronto él fue el autor de la frase: No hay películas malas sino público diferente.”

Otro sesentón, mirando la fachada de la actual Biblioteca Pública, otrora teatro Belalcázar, comenta: “Infortunadamente las películas llegaban bastantes rayadas, reventadas y remendadas y casi siempre se quemaban durante la función… Cuando esto ocurría se armaba la algarabía, la silbatina y los madrazos para el pobre Miguelito. Él, ni corto ni perezoso, no tenía inconveniente en bajar el volumen del audio de la película, asomar la cabeza por la ventanilla que tenía la sala de proyección y que daba a la sala, y gritar a todo pulmón: ¡La tuya!, y de puro berraco, ahora apago y me voy… Proseguía con mayor ímpetu la silbatina, las protestas, y solamente los decentes de palco lograban convencer a Miguel para que reiniciara la proyección.”

Pero no todo fue desorden. El teatro Belalcázar fue el centro de importantes actos culturales, cívicos y políticos. Cada fin de año lectivo, su escenario servía para que los graduandos del Liceo Comercial y del Colegio Mayor recibieran sus títulos de bachilleres. Promediando los años setenta, el Club Los Dinámicos programó un ciclo de películas para recoger fondos que financiaran la Biblioteca Popular, además de crear un gusto por el séptimo arte. Los yumbeños empezamos a degustar el cine de director y por la pantalla desfilaron las obras de Seguei Eisenstein, Costa Gavras, Federico Fellini, Luis Buñuel… Con el paso de los años, la obsolescencia técnica, una inadecuada administración y el cambio de estilo de vida de los yumbeños con la llegada de otras formas de ver el cine y de otros centros de diversión llevaron al cierre y posterior destrucción de la sala.

Hoy no queda más que felicitar a todos los que han querido rescatar este espacio para los yumbeños. Ya no hay teatro pero sí una biblioteca. Felicitaciones padre Ramón Elías, doctora María Lyda Serna y la bibliotecóloga Guillermina Becerra. Solo me resta sugerir que pensemos en montar en la nueva sede de la Biblioteca una exposición con el tema del Cine en Yumbo donde recordemos lo que fue el Teatro Belalcázar. ¿Será que nos le apuntamos?

(Escrito pensando en Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore)
Juan de Dios Vivas-Satizábal.

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editorhttps://todosesupo.com
Todo se supo es un producto de Los del Medio S.A.S.

UN COMENTARIO

  1. No Olvidemos:
    El matinée del domingo a las 2:00pm, con películas de El Santo, Viruta y Capulina, El Llanero Solitario, Cantinflas, las de vaqueros y muchas más, la lista es larga, pero lo mejor que no podía faltar en esa tarde de domingo era el boleo de pepa de mango, mamoncillo, chontaduro (que vendía la mama de Ponchi) y cualquier otra fruta que tuviera pepa y pegara duro, uno que otro salía esa tarde con su chichón a bordo o mejor dicho ….. en la cabezota.

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