La tradición del Peregrino, tan antigua como la devoción de los yumbeños por la imagen de Jesús del Buen Consuelo

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Cuenta la tradición oral que el Cristo Peregrino, como se le conoce al pequeño crucifijo que reposa en una urna de madera, y que los yumbeños sacan en procesión la víspera de la fiesta patronal llegó a Yumbo junto con la imagen de Jesús del Buen Consuelo, tallada en los talleres de la Casa Legarda en Quito, Ecuador, a mediados del siglo XVII. Aquellas imágenes llegaron, pues, a Yumbo a lomo de caballerías o a hombros de los hombres, como era la costumbre en la época colonial.

La pequeña imagen de Jesús Crucificado era la que llevaban los romeritos (como se le llamaba a sus cargueros) por las veredas de Yumbo y pueblos vecinos en los meses previos a la celebración de la fiesta patronal del Señor del Buen Consuelo. Estas visitas motivaban la asistencia de muchos peregrinos a la fiesta religiosa y servía además para recoger ofrendas para sufragar los gastos de la novena y la festividad.

El día de la fiesta patronal Yumbo se llenaba de peregrinos llegados de muchas partes. Estos peregrinos eran acogidos por los hogares yumbeños quienes les dispensaban morada y alimentación desde el día sábado hasta la tarde del domingo en que retornaban a sus pueblos y veredas, una vez concluía la procesión con la imagen del Señor del Buen Consuelo por las calles.

Vistos a la luz de la Fe, la Esperanza y la Caridad, la tradición del Peregrino significa mucho más que una mera tradición popular. El Cristo peregrino nos recuerda a los creyentes nuestro peregrinar hacia la Morada Santa. Hasta que el Señor venga con todo su esplendor todos somos peregrinos en la tierra.

Autorización firmada por fray Peña. Documento propiedad de Juan de Dios Vivas-Satizábal.

Tal y como lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, la peregrinación terrena es el tiempo de gracia y misericordia que Dios nos ofrece para que realicemos nuestra vida terrena según el designio divino y decidir el último destino. (C.I.C. 954-1013).

La tradición del Cristo Peregrino tiene un gran valor para nuestra Iglesia en Yumbo. Porque así como nos lo dijeron los obispos en Aparecida, “en las peregrinaciones se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí, el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres”. (Aparecida 259).

Ese es el sentido profundo de la tradición del Peregrino, tradición con profundas raíces en la yumbeñidad, pero que por lo mismo no debe hacernos perder la centralidad de nuestra fe. Los yumbeños no rendimos veneración al madero del crucifijo sino al Ser Divino que representa. Los yumbeños a través de la Imagen concentran la mente en Jesucristo real y verdadero que seguimos los católicos, el cual nació, murió, resucitó, subió al Cielo y volverá a juzgar a vivos y muertos.

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