Involución humana en Yumbo

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Los nómadas y recolectores urbanos comparten la comida con las vacas sin corral... Montaje www.todosesupo.com
Los nómadas y recolectores urbanos comparten la comida con las vacas sin corral… Montaje www.todosesupo.com

Es como volver a los estadios de la barbarie. Nadie vio nada, nadie escuchó nada, solo él estaba en el fondo del estribo del puente de la novena con primera, al frente de la galería, morando ahí como si fuera su caverna.

De seguro que no es un N.N. más, de hecho se dice que tenía familia en un asentamiento de las laderas yumbeñas. Su nombre, John Anderson Bolaños, de 29 años de edad, estudió hasta cuarto de primaria en la escuela Ceat General de Bellavista, y su mamá, doña Arleidy Bolaños. No era un N.N. más, pero sí será una cifra más en las estadísticas oficiales, en los Observatorios que manejan los violentólogos tras sus escritorios y sus computadores.

Él era uno más de los muchos nómadas urbanos, recolectores, como en los tiempos de la prehistoria. Seres que duermen donde les coja la noche, seres que se alimentan con lo que encuentran en los recipientes de basura, o por fuera de ella, compartiéndola con los perros callejeros y vacas sin corral. Sin embargo, cada noche arrimaba donde doña Rubiela (mujer que plancha ropas ajenas en los barrios del centro) a recoger la bolsa con comida, la misma que consumía todas las noches donde encontrara cambuche. En fin, tampoco era que peleara a dentelladas como las fieras su espacio debajo de los puentes.

Mataron al Chino, me dijo con tristeza otro nómada. Si viera, Pa, cómo lo lloraban las muchachas… (que por necesidad venden momentos de felicidad por los lados de la galería). El chino a nadie le hacía daño…
Caquita (como le decían donde se crió), no le hacía daño a nadie…
Y es verdad, en su estado permanente de enajenación producida por el pegante que a toda hora inhalaba no tenía fuerzas sino para esbozar una permanente sonrisa y meter las monedas en la maquinitas, en lo que sí que tenía suerte…

Dicen que en la mañana del miércoles 25 de agosto le había sacado el premio gordo a una de las máquinas tragamonedas que hay por los lados de la galería y adonde asisten seres humanos sin distingo de edad. Y que se fue para debajo del puente a contemplar su trofeo, dizque cuarenta mil pesos. Y estaba en esas, como cuando los cavernarios se guarecen en las cuevas a contemplar lo cazado y recolectado…

No era un N.N. más. Su mamá, doña Arleidy Bolaños, al centro acompañada por sus vecinas, camino al cementerio... Foto www.todosesupo.com
No era un N.N. más. Su mamá, doña Arleidy Bolaños, al centro, acompañada por sus vecinas camino al cementerio…
Foto www.todosesupo.com

Estaría pensando en su familia… O en los frascos de bóxer, ese pegante a base de Tolueno y Cloropreno, que podría comprar… Dicen que quienes se traban con bóxer ven en sus alucinaciones a sus seres queridos, aquellos que ya han partido, y que les dan consejos y que es muy lindo…

A lo mejor por eso John Anderson siempre andaba con su sonrisa esbozada en sus labios. Sin embargo, cuando termina el efecto del pegante y vuelven a su realidad, los ataca el llanto. Pero con tantas monedas seguro que serían muchos los frascos de pegante que podría comprar… Y además quitar el hambre, porque con bóxer se calma. Cosa que no hace la bareta que alborota las ganas de comer…, además el andar con un frasquito de pegante no es delito, mientras que transitar con un cacho de mariguana sí lo es, al menos así dicen los Decretos.

Hasta el fondo de debajo del puente llegaron los agresores y le propinaron al Chino las cuchilladas que le ocasionaron la muerte.
Hasta el fondo de debajo del puente llegaron los agresores y le propinaron al Chino las cuchilladas que le ocasionaron la muerte. Foto www.todosesupo.com

Hasta el fondo de debajo del puente de la calle novena llegaron los agresores y le propinaron al Chino las cuchilladas que le ocasionaron la muerte. Habrá quienes con frialdad dirán que fue una muerte express que le evitó la muerte lenta, gota a gota, que propina el bóxer: la sustancia se queda incrustada en los pulmones, estómago y cerebro y ello lo iría llevando día a día a estar más cerca de la muerte.

Cuando más calentaba el sol y había más luz, a las nueve y media de la mañana, su cuerpo lo encontraron operarios de la empresa de aseo que estaban limpiando el espacio público… Nadie vio nada, nadie escuchó nada, de seguro será una cifra más en las estadísticas oficiales. Mientras tanto una familia lo llora, una madre que ya pasó el trago amargo de ver muerto un hijo, tiene que ver muerto a otro hijo…

Involución humana. Y ocurre en Yumbo donde nos preciamos de tener, tal vez, el ingreso per cápita más alto de Colombia: un millón doscientos ochenta mil pesos; quién sabe cuántos de ellos llegaron a las manos de John Anderson… Mientras tanto, murió soñando con las monedas que ganó en la maquinita…

John Anderson tuvo su cofre y traslado en carroza. Foto www.todosesupo.com
John Anderson tuvo su cofre y traslado en carroza. Foto www.todosesupo.com

En la tarde del jueves 27 de agosto su cuerpo lo entregaron. Las autoridades le dieron a doña Arleidy una bolsita con nueve mil cuatrocientos pesos que encontraron en su ropa… Para algo han de servir; afortunadamente un tío tenía afiliado a John Anderson en un plan exequial. Corrió con suerte: su sepelio tuvo cofre y carroza. El dinero no alcanzó para los buses; ni falta que harían. Estamos enseñados a caminar con soles más bravos…, por eso los amigos y vecinos de la ladera bajaron a las diez de la mañana hasta el cementerio a darle el último adiós a John Anderson.

Familiares y amigos despidieron a John Anderson. Foto www.todosesupo.com
Familiares y amigos despidieron a John Anderson. Foto www.todosesupo.com

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