La Córdoba: ¡64 años de Historia se van al piso!

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Por Lucas Montero para www.todosesupo.com
No puedo pasar por alto que la escuela José María Córdoba de Yumbo, la primera escuela que se fundó en el municipio, la que encarna la niñez y la memoria de muchos yumbeños, ha sido tirada al piso, literalmente. El pasado quedó enterrado entre sus escombros.

Atrás quedan muchos recuerdos, incluidos sus profesores históricos: Sarria, Pérez (los hubo dos en dos épocas), Ortega, Ramírez, Lourido, López, la rectora María Antonia; que enseñaron y están inmersos en miles de anécdotas, que ahora son parte del pasado, y los actuales: Jenny, Sary, María Rosa, Nora, Omar, Luis Carlos, Franklin entre otros, quienes serán los referentes de los nuevos ciudadanos yumbeños que allí se forman. En fin, un cuerpo docente que ha rotado en este sitio para una población de algo más de tres o cuatro generaciones de yumbeños.

Los más ilustres apellidos de yumbeños (me permito la licencia de la nostalgia), están inscritos en esa polvareda que se levantó al paso alegre de estos recuerdos: Los Benítez., Domínguez -léase los quícharos-, García, Taborda, Sánchez, Polanco, Satizábal, Tello, Lenis, Quintero, Echeverry, Vivas y Jiménez entre otros.

Soy uno más de todos ellos y en este momento me encuentro desplazado, ausente en ese devenir de los recuerdos. Me siento extraño al ver sus muros, ladrillos, vigas y techo en el suelo, como dice aquella vieja canción sesentera: “Todo se derrumbó, dentro de mí, dentro de mí…“, y esa sensación que me embarga y casi me hace asomar una lágrima en los ojos, es la sensación típica de cuando te enfrentas al cambio, a lo establecido, a la certeza de lo que ya no es.

Ese edificio no existirá más. Con sus 64 años se fue al piso, feneció como un yumbeño más que dio buenos frutos, lo que yo sienta o muchos yumbeños sientan, no será importante.

Lo importante es reconstruir el mito, ejercer la labor de preservar la nostalgia, que compartiré con usted, amable lector de Yumbo o de la web, contándole algunas de las pocas historias que trataré brevemente de reseñar.

Mis amigos ‘Panelón’, ‘Horse Paladium’ y el ‘Viejo Eche’ quienes recuerdan su infancia en la Córdoba por su cercanía y vecindad, dicen que en los años sesenta y setenta el municipio tenía, en lo que hoy es el polideportivo, una bodega para almacenar materiales, especialmente arena, cuando dejó de ser importante malgastarla, abandonaron esa función. Ese material quedó allí para el deleite de los niños y jóvenes de la Córdoba que, a lo largo de dos décadas jugaron, hicieron amigos, amaron y se revolcaron en esa playa artificial.

Otros dicen que uno de los mayores regímenes militares de estudio se formó allí, en la Córdoba, al mejor estilo Lancasteriano: “La letra con sangre, entra”. A uno de sus mayores exponentes lo llamaban borracho, era su regla de una finura extrema, nunca le tembló el pulso para dar sus reglazos y ni modo de aventarlo porque enseguida los papás continuaban complementando la labor a punta de rejo. El karateca López era experto en tirar objetos que acertaban en cualquier parte del cuerpo, jugaba tiro al blanco, al indio y al negro y siempre acertaba, experto era en cascar la cabeza, a juicio de los quícharos (sus objetivos predilectos).

Luego llegaron profes de la nueva pedagogía como Lourido y Antonio Pérez, quienes nunca los tocaron, eso sí, nunca faltó uno que otro jalón de orejas educativos. Una que otra anécdota de líos de faldas se cuentan, no se sabe a quién le llamaban el “morrongo” por sus dotes de Don Juan, hasta traslados se dice que causaron sus travesuras.

Yo puedo escribir un libro con lo que he vivido en mi ejercicio profesional de los últimos 22 años hasta acá, pero este espacio no me lo permite ni la pereza para escribir largo y en prosa, así la respete como a una buena madre. Eso lo dejo para cuando esté viejo y nostálgico como ‘Juan Por Dios’, quien a propósito no está aquejado ni de lo uno, ni de lo otro.

Post Data: escribo esto como sublime protesta hoy 28 de junio de 2019, por el ruido que causaron las máquinas de demolición, mientras tiraban al piso el lugar donde he trabajado la mayor parte de mi puta vida.

Los más ilustres apellidos de yumbeños están inscritos en esa polvareda que se levantó: Los Benítez., Domínguez -léase los quícharos-, García, Taborda, Sánchez, Polanco, Satizábal, Tello, Lenis, Quintero, Echeverry, Vivas y Jiménez entre otros. Foto Lucas Montero para www.todosesupo.com
Lucas Montero. Poeta y docente yumbeño.

Lucas Montero. Poeta y docente yumbeño, autor del libro Las mujeres de Lucas, 2011.

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